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LA CEIBA

Por: Plácido Santana Hernández.
Cronista Yokot’an de Centla e Historiador
Desde tiempos prehispánicos, el árbol de la ceiba ha sido testigo de las diversas manifestaciones culturales de los pueblos indígenas del sureste mexicano y gran parte de Centro américa y Sudamérica, para el pueblo maya, la ceiba es el árbol sagrado por excelencia, este árbol legendario también llamado yaxché en lengua maya o tee´ceibo en lengua yokot´an, lo mismo se asocia con los orígenes de los antepasados indígenas, como con la morada de los dioses o el lugar predilecto para las apariciones de seres espectrales como duendes (yumka´en lengua yokot´an), xtabay o demonios. Sin embargo, aun hoy en día, las ceibas prevalecen en muchos pueblos, camperías, o hasta en las mismas “ciudades modernas”, retando la contaminación, la deforestación y la poca importancia que las autoridades dan a este árbol de gran importancia cultural.
Según leyendas o mitos mayas, es la ceiba donde los dioses creadores dieron origen a la raza humana, de este árbol los frutos eran hombres que descendieron y poblaron la tierra, en otros casos, son cuatro árboles de ceiba que sostienen al mundo, pero para la cosmovisión yokot´an de Tabasco, los dioses creadores Ix Bolom, esposa de Kantepek, formaron al pueblo yokot´an bajo de una ceiba, donde con barro y masa de maíz, los dioses tabasqueños patronos crearon a la yoko ixik y el yoko yinik, así lo demuestran muchos relieves y estelas encontradas en zonas arqueológicas donde se aprecia a la ceiba como el origen del universo.
Hoy se sabe que bajo de grandes ceibas, los antiguos mayas realizaban ritos religiosos, ceremoniales o simplemente bajo su sombra se extendían mercados o tianguis indígenas, y es que con la llegada de los europeos, la ceiba continuó siendo admirada, temida y respetada por indígenas y mestizos, no así por el Hernán Cortes, que aconsejado por Jerónimo de Aguilar, profanó con su espada a la gran ceiba que se hallaba en Centla después de la derrota de los chontales de Tabasco en la lejana Batalla de Centla que confrontó a Mesoamérica con Europa el 25 de marzo de 1519.
Pero aún con la nueva religión cristiana impuesta por los conquistadores hispanos, la ceiba sirvió en la doctrina católica desde el principio de la conquista, basta en recordar la enorme cruz elaborada con los troncos de una ceiba donde Fray Bartolomé de Olmedo, ofició en Centla, las primeras misas católicas en América, y poco después, con la llegada de los misioneros que bautizaban a los indígenas de la Nueva España, explicaban en sus doctrinas, que posiblemente la ceiba era el mítico árbol del Bien y del Mal, que según los cristianos, se encontraba en el jardín del Edén donde existieron y habitaron Adán y Eva.
Son pocos los árboles de ceiba que son considerados “Históricos”, la ceiba al igual que otros árboles, muchas veces pasan desapercibidos por las autoridades que sin previa consulta ciudadana, los derriban sin consideración al valor histórico que representan, alguno arboles como el Tule en Oaxaca, el de la Noche Triste en la Ciudad de México o la Ceiba de Chiapa de Corzo, son protegidos por el valor histórico que representan.
Sin embargo, en el sureste mexicano, son pocas las ceibas que han sobrevivido y representan o representaron un patrimonio histórico o cultural, tal es el caso de la ceiba de Atasta en Villahermosa, que existió hasta noviembre de 2010, cuando fuertes vientos la derribaron y donde según la historia tabasqueña contaba que se entrevistaron Victorio V. Dueñas y el Capitán Eduardo González Arévalo durante la intervención franco traidora a Tabasco en julio de 1863.
Pero en Tabasco aún existen muchas otras ceibas que como se dice popularmente, “la revolución no les ha hecho justicia”, y que pasan desapercibidas perdiendo sus mitos y leyendas tradicionales, como, por ejemplo, se cuenta que el ultimo tlatoani azteca, fue cobardemente ahorcado por órdenes de Hernán Cortes en una ceiba del territorio tabasqueño, o en otros casos, contaban los últimos ancianos chontales del siglo XX que recordaban el garridismo, las escuelas que se implantaron al aire libre bajo grandes ceibas, o los que según mandó ahorcar Garrido en ramas de Ceibas o el famoso mirador “Nido de las Águilas”, donde se instaló una plataforma para que las personas pudiesen apreciar una panorámica de Villahermosa durante las primeras ferias y sobre todo, donde Tomás Garrido Canabal pretendía mostrar a los indígenas chontales, que creían que en la ceiba habitaban en las ramas los dioses, en el tronco los hombres vivos y en las raíces los muertos, (allí el origen de los altares de muertos chontales que es de tres partes y que aluden a la ceiba), por eso Garrido pretendía con este mirador, demostrarle a los indígenas tabasqueños con sus doctrinas racionalistas, que los dioses no existían y que ellos podían subir a sus ramas de la ceiba sin ser dioses.
En la actualidad, la ceiba es un árbol que poco a poco va perdiendo ese sentido sagrado que un día los indígenas le dieron, más que un mérito ecológico, la ceiba debe representar a las nuevas generaciones, un patrimonio cultural que debe ser respetado y salvaguardado, pues son pocas las poblaciones indígenas de Tabasco que aun respetan a estos gigantes, tan solo en comunidades de Centla, Nacajuca y Tamulté, los chontales sugestionados, cuentan apariciones de los yumka´ (duendes) bajo las sombras de estos árboles o de la presencia de la mística xtabay, ser espectral que se aparece bajo ceibas, dispuesta a perder a los hombres que caminan solitarios en estado de ebriedad.
Para finalizar, la ceiba, esa inspiración poética y romántica de Carlos Pellicer, tan solo se puede apreciar en un romanticismo total poético con el monumento llamado “Mujer Ceiba” del escultor tabasqueño, Ventura Marín Azcuaga, que moldeó la belleza femenina en un obra que engalana la emblemática laguna de las ilusiones en Villahermosa, por eso, es necesario que las autoridades locales, estatales y nacionales, se preocupen por proteger dichos árboles, árboles que en su momento fueron venerados, respetados y temidos por nuestros pueblos indígenas y que hoy toca a las nuevas generaciones, reconocer, valorar y respetar para devolverles su misticismo inmortal….su gloria perdida.
En la actualidad, la ceiba es un árbol que poco a poco va perdiendo ese sentido sagrado que un día los indígenas le dieron, más que un mérito ecológico, la ceiba debe representar a las nuevas generaciones, un patrimonio cultural que debe ser respetado y salvaguardado, pues son pocas las poblaciones indígenas de Tabasco que aun respetan a estos gigantes, tan solo en comunidades de Centla, Nacajuca y Tamulté, los chontales sugestionados, cuentan apariciones de los yumka´ (duendes) bajo las sombras de estos árboles o de la presencia de la mística xtabay, ser espectral que se aparece bajo ceibas, dispuesta a perder a los hombres que caminan solitarios en estado de ebriedad.
Para finalizar, la ceiba, esa inspiración poética y romántica de Carlos Pellicer, tan solo se puede apreciar en un romanticismo total poético con el monumento llamado “Mujer Ceiba” del escultor tabasqueño, Ventura Marín Azcuaga, que moldeó la belleza femenina en un obra que engalana la emblemática laguna de las ilusiones en Villahermosa, por eso, es necesario que las autoridades locales, estatales y nacionales, se preocupen por proteger dichos árboles, árboles que en su momento fueron venerados, respetados y temidos por nuestros pueblos indígenas y que hoy toca a las nuevas generaciones, reconocer, valorar y respetar para devolverles su misticismo inmortal….su gloria perdida.

Fuente:

 

  1. Díaz del Castillo, Bernal (2012). Historia verdadera de la conquista
    de la Nueva España. grupo editorial Tomo. México