DANIEL PONCE MONTUY

Montuy nació en Frontera, Tabasco, México, el 25 de octubre de 1925. Desde pequeño mostró gran interés por la lectura y el dibujo , pero se topó con la oposición de su padre, un empresario macuspanense del jabón, por lo cual decidió autografiar sus primeras obras, como León Montuy y posteriormente sólo con su apellido materno, Montuy.

Ya en la secundaria del Liceo Francés, fueron sus primeras expresiones críticas a la injusticia, realizando caricaturas de maestros que abusaban de su posición para discriminar a los alumnos que eran de tez morena o no eran franceses o hijos de los mismos y por ello se hizo acreedor a la expulsión.

Ahí conoció al “Poeta de América”, Carlos Pellicer, quien fue su maestro de historia, así como posteriormente su amigo, coleccionista y promotor hizo hincapié a Montuy en sus dotes artísticas.

Las palabras del maestro Pellicer motivaron en el entonces joven, un interés mucho mayor por el arte de denuncia, la expresión de la injusticia y las carencias humanas de toda índole. La visión que Pellicer le ayudó a descubrir con sus clases de historia, fue creando en Montuy un afán por el conocimiento científico, social, político, cultural y humanista.

Así, agregando sus múltiples inquietudes, generó un acervo y propició un estilo creativo, donde convergen el arte, la narración, la denuncia, el colorido, la fuerza expresiva, la técnica, los sentimientos y demás cualidades que resultaron en obras de magnífica manufactura.

Montuy decía: “Yo no pinto para débiles emocionales. La gente se identifica con mi obra, le recuerda preceptos olvidados, la acepta emocionado o la rechaza indignado…”

Montuy realizó treinta murales durante su vida y dejó bocetos de casi diez más. Siete de ellos se encuentran en la Ciudad de México: cuatro en el edificio principal de la delegación Venustiano Carranza, uno en la Casa de la Cultura “Enrique Ramírez y Ramírez” de la misma delegación. Los dos restantes de la ciudad capital,- «La rebelión de los pueblos sojuzgados» y «A pesar de todo»-, decoran las paredes de las escaleras del otrora edificio principal del Gobierno de la Ciudad de México, exactamente en contra esquina del Palacio Nacional, en el zócalo de la Ciudad de México, dentro de su Centro Histórico.

De esta forma, a la par de Orozco y Rivera, Montuy fue uno de los tres únicos que expresó su arte en edificios del zócalo, Patrimonio Cultural e Histórico de la Humanidad, ONU 1987. Pero en éstos, a diferencia de Rivera y de Orozco, que plasmaron las agresiones de que ha sido objeto nuestro país por parte de potencias extranjeras, él acuñó también su propia visión.

Representó el sometimiento y el servilismo que a su vez aceptó la corona española, frente al imperio francés de Napoleón Bonaparte, desde las abdicaciones de Bayona y los posteriores ruegos de Fernando VII, para obtener desde ayuda, clemencia, pensión para seguir con su tren de vida imperial, hasta rayar en la lástima, la burla, el escarnio y convertirse en escoria de la historia humana. También en estos muros, representó el cambio de vida de grandes masas de españoles empobrecidos y explotados por la corona de su país a ser nuevos ricos y grandes señores, a través de la compra de títulos de nobleza.

Por otra parte, la técnica que Montuy inventó, a partir de sus propias investigaciones para preparar paredes y posteriormente para su obra de caballete, contribuye a la brillantez en los colores, claro está, sabiendo manejar la paleta que dominaba Montuy. Pero además, presenta una indiscutible resistencia que fue puesta a prueba durante los terremotos de 8.1 y 7.9 grados Richter respectivamente, ocurridos el 19 y 20 de septiembre de 1985 en la ciudad de México

Gracias a esta preparación, los muros de las paredes laterales de las escalinatas del edificio del zócalo de la ciudad de México, se cuartearon, pero no se derrumbaron, porque fueron detenidas por la película de los murales, que por el contrario , sólo quedaron levemente marcados, en menos de medio metro lineal, con una especie de relieve casi imperceptible.

A contra punto de lo que suelen arrojar muchos de sus detractores y parásitos que se han beneficiado de su renombre, diciendo que él no era quien realizaba la obra sino sus ayudantes, su obra mural es prolífica e inmensa, sumando cerca de  dos mil metros cuadrados en toda su trayectoria.

Personas que fueron sus ayudantes y que quisieron alcanzar renombre por ese sólo hecho, hoy no han llegado a tener su fuerza de expresividad, no han dominado el colorido ni mucho menos la técnica; tal vez no por falta de méritos, sino porque hicieron caso de lenguas biperinas, olvidando la sencillez y aplicación al trabajo, propias del gran maestro, además de la conciencia de saber que sólo con éste se hace trayectoria

En lo que respecta a su obra de caballete, Montuy realizó aproximadamente trescientas obras, desde gouache, acuarelas, óleos con espátula o con pincel y acrílicos sobre papel o sobre triplay preparado con fibra de vidrio, diversos minerales y pigmentos acrílicos. Por su trabajo como muralista, Montuy sólo participó en 9 exposiciones colectivas y nueve individuales, tanto en México como en el extranjero. Además dejó más de trescientos bocetos y prebocetos tanto de sus obras de caballete, como de murales.

Sus obras fueron comentadas muchísimas veces por los grandes diarios mexicanos de la época, como Excélsior, Novedades, El Heraldo de México, El Universal, Uno Más Uno, El Día y otros,  , por revistas nacionales  como Cablescope, , Galería, Por esto!, Plástica Mexicana,  Nexos e internacionales como Newsweek y Houston Chronicle, así como por casi todos los periódicos tabasqueños.

El muralista tabasqueño fue reconocido por la extinta viuda de Siqueiros, públicamente y en cartas que obran en su archivo personal, como el único digno continuador del muralismo en México, a la par de los tres grandes

Su valor para expresar sus ideas fue tal que, al presentar al entonces gobernador de Tabasco Mario Trujillo García, el boceto del mural titulado “Nuestro Derecho Cósmico a Protestar”, (el segundo de todos los que pintó y que fue presentado en el mismo acto que el primero), que permanece en la Escuela Normal de Maestros de Villahermosa, Tabasco, le presentó una lámina en blanco, cubierta por papel albanene y sólo con su firma.

El político le preguntó de qué se trataba, si acaso pretendía que ahí la gente llegara a pintarrajear o rayonear la pared con lo que quisiera, a lo que Montuy contestó que si le presentaba un boceto ya realizado, entonces se exponía a su aceptación o rechazo.

Dada la consideración del político para lo que en él estaría dibujado, de esa manera estaría pasando por el filtro de la censura, lo cual chocaría con el nombre de la obra y Trujillo de inmediato firmó la obra autorizando su realización.

Falleció en 2005 y en 2017, parte de su obra fue llevada a España en un recorrido de exposiciones por varias ciudades con gran éxito.