DOÑA MARINA / MALITZIN

Malintzint / Malinalli / La Malinche son los nombres con que se conoce a la célebre Doña Marina, era natural de Painala en la provincia mejicana de Coatzacoalcos que partía sus términos con Tabasco.  Pertenecía a una familia noble, su padre era el gobernante de la ciudad de Painala y tenía un futuro prometedor, pero su padre falleció y su su madre se casó en segundas nupcias con otro noble tributario, de quien tuvo un hijo.

Para que toda la herencia fuera de él, su familia vendió o regaló a la Malintzint a unos mercaderes de Xicalango, procedentes de las cercanías de Tabasco; y corrieron la voz de que había fallecido. Para que el pueblo de Painala lo creyera, dió la casualidad que, el dia que los de Xicalango venían con ella, amaneció muerta la hija de una esclava de la casa, y la madre de Malintzint hizo aparecer que aquella niña era su hija.

En Xicalango hablaban el mejicano o nahúatl, y cuando los Tabasqueños ganaron aquella famosa batalla a los Xicalangos, la Malintzint les fue entregada a los Tabasqueños en donación, educándose en estas tierras y aprendiendo el idioma mayo que en la provincia se hablaba. Se dice era una mujer hermosa y de mucho espíritu. Durante toda su vida a los Españoles, y en su afecto personal a Hernán Cortés.

Malintzint le fue obsequiada a Cortés por los tabasqueños entre las veinte esclavas al ganar la Batalla de Centla. Se calcula que la Malintzint tendría 18 años, de ojos centellantes, tez pulcra y se dice que su actitud, su gentileza y elegancia, su noble ademán hacían que inmediatamente se reconociera que por sus venas corría la noble sangre Azteca.

BAUTIZO

El Domingo de Ramos 17 de Abril de 1519, en la ciudad indígena de Tabasco, hoy ruinas de Comalcalco; el M. R. P. E. Bartolomé Olmedo, celebró un misa donde bautizó a las veinte esclavas indias regaladas á Cortés; poniéndose a la Malintzint el nombre de Marina. Cortés entregó a Malintzint a un pariente lejano suyo, Alonso Hernández Portocarrero. Malintzint aprendió el español con rapidez.

Desde Potonchán, Cortés se embarcó hacia San Juan de Ulúa, adonde llegó tras cinco días de navegación. Era un Viernes Santo, y mientras organizaban el campamento llegaron los embajadores de Moctezuma para averiguar qué querían aquellos viajerosCortés llamó a Jerónimo de Aguilar, un español que sabía maya por haber pasado varios años en el Yucatán, tras salvarse de un naufragio. Pero Aguilar no entendía el idioma de los mexicanos, el náhuatl. Fue en ese momento cuando se descubrió que Marina hablaba esa lengua, que era la de sus padres, además del maya, idioma de sus amos en Potonchán.

Doña Marina o la Malinche, según un grabado mexicano de 1885. Biblioteca de Cataluña, Barcelona.
Cortés y Doña Marina (arriba) con los aliados tlaxcaltecas. Abajo: Bajo el ataque de los Aztecas, detalle de lienzo de Tlaxcala. Doña Marina usa un escudo.
Una audiencia con Moctezuma. Lienzo de Tlaxcala.
El bautismo de los cuatro señores de Tlaxcala. En esta escena los bautizados aparecen a la derecha, bajo la figura de Hernán Cortés sentado; a la izquierda se encuentran otros tres personajes indígenas y tres españoles (probablemente padrinos de bautismo). El centro es ocupado por el fraile oficiante, y un retrato de la Virgen María con el niño Jesús que preside la ceremonia. Malitzin aparece retratada de cuerpo entero en la extrema derecha, atrás de Cortés y su mano extendida indica que también fungió como traductora.

LA CONQUISTA

Marina sirvió de intérprete. De esta manera: Cortés hablaba a Aguilar y Aguilar a la india y la india a los indios». Este sistema de traducción fue decisivo para el avance conquistador de Cortés, no sólo porque le permitió comunicarse con los indígenas, sino también porque así conoció la situación interna de cada grupo y pudo ganarse su lealtad frente al enemigo común, Moctezuma.

A partir de entonces la situación de Marina cambió. En San Juan de Ulúa, al enterarse de los conocimientos de la cautiva, Cortés «le dijo que fuese fiel intérprete, que él le haría grandes mercedes y la casaría y le daría libertad«. El conquistador no se quedó ahí. No se sabe si Marina, a sus 19 años, era tan «hermosa como una diosa», como afirmó más tarde un cronista, ya que los retratos de la época son simples esbozos. En todo caso, Cortés no tardó en hacerla su amante. Para facilitar las cosas, Cortés dispuso que Portocarrero, a quien había entregado a Marina, volviera a España para llevar una carta al rey.

La colaboración entre Hernán Cortés y doña Marina fue muy estrecha, hasta el punto de que los indígenas llamaron Malinche al propio Cortés: «como doña Marina estaba siempre en su compañía –dice Díaz del Castillo–, por esta causa llamaban a Cortés el capitán de Marina, y por más breve lo llamaron Malinche». El papel de la amante de Cortés como intérprete fue a menudo decisivo. En Cholula salvó a los españoles de una muerte segura al revelarles un complot de los indios, que una mujer del lugar le había confesado. En Tenochtitlán hizo posibles las conversaciones entre Moctezuma y Cortés, en las que Marina debía traducir los complicados discursos del español sobre los fundamentos del cristianismo y el vasallaje que los indios debían a Carlos V.

Durante la Noche Triste, doña Marina iba en la retaguardia; una vez se hubo salvado,una de las primeras preocupaciones de Cortés fue conocer el estado de los intérpretes, «y holgó de que no se hubiesen perdido Jerónimo de Aguilar ni Marina«. Igualmente, en la campaña final sobre Tenochtitlán, la labor de Marina resultó decisiva para recabar el apoyo masivo de los indígenas enemigos de los aztecas y, luego, para transmitir sin ambages las más duras exigencias de los españoles contra los vencidos: «Tenéis que presentar doscientas piezas de oro de este tamaño», les dijo a los habitantes de Tenochtitlán mientras dibujaba un gran círculo con sus manos.

TERMINA LA CONQUISTA

Tras la conquista de la capital azteca, Cortés se instaló en Coyoacán, una localidad cercana. Marina siguió junto a él y en 1522 tuvieron un hijo al que llamaron Martín, en honor al padre del conquistador. Pero entretanto había llegado a México, desde Cuba, la esposa de Cortés, y éste decidió buscarle un nuevo acomodo a su concubina.

Hernán Cortés organizó la boda de Malitzin con otro conquistador,  Juan Jaramillo, que era procurador en el ayuntamiento de Ciudad de México, del que llegaría a ser alcalde dos años después.El cronista López de Gómara asegura que Jaramillo se casó bebido y que la boda fue mal vista por los hombres de Cortés, porque Marina era india, madre soltera y había estado con dos españoles. Pero con este enlace, Hernán Cortés cumplía la promesa de libertad que había hecho a Marina al inicio de la conquista, pagaba sus servicios otorgándole las encomiendas de Huilotlán y Tetiquipac –que por herencia le correspondían– y le proporcionaba una excelente posición social.

En 1523, durante un viaje por México y Honduras para reprimir la revuelta organizada por su capitán Cristóbal de Olid, Cortés pasó por Coatzacoalcos, la localidad natal de Marina. Mandó que todos los caciques de los contornos, fueran a recibirlos; y la madre de Doña Marina con el hijo de su segundo matrimonio, obedecieron el mandato pero se presentaron temerosos a ser castigados por el trato que le habían dado a la joven en su adolescencia. Bernal Díaz del Castillo hace mención a este hecho e indica que la semejanza entre la madre y la hija era notable. Doña Marina aseguró a su familia que los perdonaba, pues que su madre no había sabido lo que había hecho, y ella por su parte había ganado mucho, les dio joyas y ropa.

SE PIERDE EL RASTRO DE LA MALINCHE

Al término de la expedición hondureña, los caminos del conquistador y de la joven intérprete se separaron. Durante el regreso a México, Marina dio a luz a una niña a la que llamaron María. Se instaló junto a su esposo en Ciudad de México, pero no pudo conservar a su hijo Martín, que quedó al cuidado de Juan Altamirano, primo de Cortés. Desde este momento prácticamente se pierde su pista.

No se sabe la fecha exacta de su muerte aunque se cree debió de ser antes de 1529, ni la causa, tal vez la viruela, que asolaba la población indígena de México por esos años; o quizá su salud quedó muy mermada a raíz del penoso y durísimo viaje a Honduras, que realizó estando embarazada.

Don Martin Cortés, fue un comendador de la orden militar de Santiago; Bernal Díaz del Castillo asegura que tan pronto enviudó Cortes de Doña Catalina Xuarez, se casó en España con la noble Doña Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga.

Según el diccionario de la Academia, en algunos países de América “malinche” es sinónimo de “persona que comete traición”. Esta acepción se basa en la idea, corriente desde el siglo XIX, de que Malintzint traicionó a su pueblo al ponerse de lado de un conquistador extranjero. Pero lo cierto es que en 1519 los indígenas de México no formaban una nación y estaban enfrentados entre sí, además de que la misma familia de la Malintzint la ofreció como esclava y la hizo pasar por muerta para desheredarla.

Fuentes:

  1. Compendio Histórico, Geográfico y Estadístico del Estado de Tabasco – Manuel Gil y Sáenz  – Tip. De José M. Abalos – Calle de la Encarnación – 1879
  2. Malinche, la indígena que abrió México a Cortés – National Geographic España – 20 junio 2012.
Primer encuentro de Malinalli con Hernán Cortés. Códice de Diego Durán. Siglo XVI. Biblioteca Nacional, Madrid.