JOSÉ CARLOS BECERRA RAMOS

José Carlos Becerra Ramos, nació en Villahermosa, Tabasco el 21 de mayo de 1936 y falleció en Brindisi, Italia, el 27 de mayo de 1970. Hizo sus primeros estudios en el Instituto Juárez de Tabasco y en Campeche, además de empezar a escribir muy joven. En 1953 obtuvo el primer lugar en un concurso estatal a nivel preparatoria con el texto titulado «Apología de Hidalgo». En 1954 publicó en la prensa de Villahermosa cuentos y artículos varios. En un concurso estatal de cuento, celebrado en 1956, obtuvo el tercer lugar con «El ahogado»

Siguió sus estudios de preparatoria en la ciudad de México e ingresó a la Facultad de Arquitectura de la UNAM, además de acudir a la Facultad de Filosofía y Letras en calidad de oyente. Tuvo experiencia como actor y llegó a participar en una representación de Hamlet, donde encarnó a Rosencrantz. Desde el punto de vista ideológico, dio muestras de sentir mucha simpatía por las ideas de izquierda. Fue además un aficionado a la tauromaquia, buen dibujante y cinéfilo de tiempo completo.

Colaboró en las principales revistas literarias de la época como Cuadernos del Viento, El Corno Emplumado, Revista Mexicana de Literatura y Revista de la Universidad, entre otras, y en diversos suplementos culturales como La Cultura en México y El Gallo Ilustrado.

PRIMERAS OBRAS

Su obra fue incluida en varias antologías, como el Anuario de Poesía de 1961 (publicación con la que se da a conocer en la Ciudad de México, auspiciada por el Instituto Nacional de Bellas Artes) y, Poesía en movimiento, México 1915-1966 (1966), preparada por Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Alí Chumacero y Homero Aridjis, obra en cuyo prólogo, Paz saluda ya a un poeta joven, pero maduro. La inclusión de José Carlos en esta antología es, en palabras del propio Paz “la declaración de su mayoría de edad poética”. Finalmente, también fue incluido el poeta tabasqueño en Poesía Joven de México (1967), entre otras.

En 1965 publicó una plaquette de poesía, “Oscura palabra”, obra que compuso a raíz de la muerte de su madre y en 1967 apareció su libro “Relación de los hechos”, que tuvo gran acogida.

OBRA PÓSTUMA

Después de su muerte, sus amigos José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid, recopilaron su obra dispersa e inédita, a la que pusieron como título un verso de Lezama Lima, “El otoño recorre las islas” (1973). El conjunto de poemas que forman este libro reveló la sorprendente madurez que había alcanzado el autor en un periodo relativamente breve.

Aparecen, en ese libro, aparte del ya publicado Relación de los hechos, las obras poéticas Los muelles, Oscura palabra (también publicada previamente), La Venta, Fiestas de invierno, Cómo retrasar la aparición de las hormigas y el libro en prosa Fotografía junto a un tulipán.

En 1967 recibió una beca del Centro Mexicano de Escritores. En 1968 trabaja para una agencia de publicidad y en 1969 obtiene una beca concedida por la Fundación Guggenheim, gracias a la cual residió unos meses en Nueva York y posteriormente viajó a Londres, para emprender después un viaje a través del continente europeo visitando Alemania, Francia, España e Italia.

En este último país preparó su traslado a Grecia: se proponía tomar en Brindisi un transbordador que lo condujera al país de las musas y de los filósofos. En este trayecto ocurrió un accidente automovilístico donde perdió el control del vehículo que conducía por la carretera al tomar una curva a alta velocidad; rompió la valla de contención y se precipitó en una barranca, perdiendo la vida el 27 de mayo de 1970.

ESTILO ÚNICO

Becerra era afable, siempre dispuesto a iniciar la conversación, indudable receptor e intérprete de los estados de ánimo de quienes lo rodeaban. Asombraba el hecho de que pudiera estar al día respecto a todo tipo de acontecimientos, literarios, políticos o concernientes a la situación mundial.

Poeta que dejó una huella trascendente dentro del ámbito de las letras mexicanas.

Sus poemas se caracterizan por versos extensos con líneas integrando alguna prosa; los temas de su poesía están programados de manera que se relacionan unos con otros, como si fueran párrafos de novela.

Su poesía es la confluencia de dos corrientes próximas; la de Tabasco de Carlos Pellicer de quien estuvo muy cerca, y la cubanidad de José Lezama Lima. Como escritor, los críticos se inclinan en afirmar que José Carlos recibió la influencia de los poetas franceses Paul Claudel y Saint- John Perse.

Blues

No era necesaria una nueva acometida de la soledad
para que lo supiera.
Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos.
Donde el amor moró y tuvo reino
queda ya sólo un muro que avasalla la hierba.
Queda una hoja de papel no en blanco
donde está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
sobre unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo queda una brisa sin destino.
Donde una mujer fundara un beso,
sólo árboles postrados al invierno.

Y no era necesario decirlo.
El corazón sin que sea una lágrima
puede sombrear las mejillas.

La ventana da a la tristeza.
Apoyo los codos en el pasado y, sin mirar, tu ausencia
me penetra en el pecho para lamer mi corazón.

El aire es una mano que está hojeando mi frente.
Mi frente donde la luna es una inscripción,
una voz esculpiendo su olvido.

Como humo la luna se levanta
de entre las ruinas del atardecer.
Es muy temprano en ese azul sin rostro.
No era necesario enturbiar la soledad
con el polvo de un beso disuelto.
No era necesario
memorizar la noche en una lágrima.

Labios sobrecogidos de olvido,
pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose,
ruido de nubes que el otoño piensa.

Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua
donde el anochecer flota en silencio.
Hay una rama de árbol como un brazo esculpido
por algún abandono.

Hay miradas y cartas donde la noche
puso en marcha al vacío,
a las frentes que extinguen su remoto color
sobre letras que enlazan señales de viaje.

Aquí está la tarde.
Puede enrolarse en ella quien esté enamorado.
Aquí está la tarde para designar una ausencia.

Suena en mi pecho el mundo
como un árbol ganado por el viento.

No era necesaria la tarde, tampoco este cigarro cuyo humo
puede ser otra mano evaporándose.

Invernará la noche en mi pecho.
No era necesario saberlo.
No tiene importancia.
Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.