LA CASA DE “SANTA” EN LA AVENIDA SANDINO.

Por: Landy P. Aguilar Palafox

Por muchos años, en una casa ubicada en el número 319 de la Avenida Sandino de Villahermosa, a unos metros de Quintín Araúz, se iluminaba con decoración y luces navideñas una casa blanca enorme a partir del 22 de noviembre. La conocida “Casa de Santa”.

La casa era propiedad de la familia Demonte Manzano, Don Luis, cabeza de familia fue un Ingeniero muy conocido y querido por la gente, activo Rotario, humanista y con un sentido de servicio a la comunidad enorme; tenía su negocio “Servicio Técnico de Comunicaciones” en la Avenida Niños Héroes donde él personalmente, con su esposa, Magda Manzano atendían. El matrimonio tuvo tres hijos Iv, Marco Antonio y Luis Porfirio Demonte Manzano.

El matrimonio vivió por muchos años en la Avenida Atasta hasta que por necesidad de expandir el negocio en Niños Héroes, compraron una casa en la Avenida Sandino a donde se mudaron.

La casa estaba sobre una parte alta y la parte derecha era un largo espacio amplio que se ocupaba para estacionar autos y llegaba hasta el fondo de la casa. Para ingresar a la casa que era de dos plantas, había que subir una larga escalera que tenía un descanso en donde daba la bienvenida un frondoso guayacán que floreaba con enorme belleza en primavera; bajo su sombra un asador y un “confidente” la conocida silla doble típica de Mérida Yucatán que transportaron desde ese estado hasta su casa.

Al subir había una enorme terraza en donde desde un sillón podía sentarse uno a platicar agradablemente. En la parte de atrás de la casa había una pequeña capilla.

Desde que se mudaron a su nuevo hogar, los Demonte Manzano empezaron a adornarla con luces por todo el alrededor y figuras de nacimiento grandes para que pudieran verse a gran distancia. Ampliaron la decoración a su gran jardín y la escalera. poco a poco empezaron a incorporar más elementos que incluyó un Santa Claus que con su trineo daba vueltas a gran altura bajo el árbol.

Don Luis y doña Magda viajaban frecuentemente fuera del país y al regresar traían las últimas novedades para su entretenimiento personal. En uno de esos viajes, en una enorme caja, que algunos creyeron era un ataúd, trajeron un Santa Claus electrónico tamaño natural.

La gente empezó a pararse frente a la reja para admirar la decoración y un día, doña Magda abrió las puertas de su casa para que la gente entrara a ver su decoración. Abriendo así, una puerta que nunca más cerró.

Las luces de la casa se prendían el 22 de noviembre y se apagaban el 7 de enero; las puertas al público se abrían a las 6 de la tarde y se cerraban a las 11 de la noche. La gente entraba a tomarse fotos y pasear por el lugar. Don Luis colocó bocinas alrededor y la música navideña inundaba el lugar creando un maravilloso ambiente festivo para chicos y grandes.

Así mismo colocaron un buzón junto al Santa de tamaño natural en la terraza donde los niños podían depositar sus cartas a Santa Claus y a los Reyes Magos.

Hubo muchas anécdotas con ese buzón, abrían las cartas y las leían para conocer los deseos de los niños y en ocasiones podían ayudar a hacerlos realidad contactando a los padres ya que los niños dejaban su teléfono y dirección escrito en el sobre. Una anécdota divertida se dio cuando al abrir uno de los sobres encontraron una tarjeta de crédito adentro. El niño la había colocado ahí para que Santa le comprara sus juguetes. Llamaron a los papás del pequeñín y les devolvieron su tarjeta.

Para saber cuántos visitantes llegaban, doña Magda regalaba paletas a los niños, contaba previamente las paletas y al final podía tener un cálculo aproximado de cuánta gente llegaba, había días en que se repartían hasta 1,200 paletas en un día.

La gente le agradecía a la familia por abrirle sus puertas, se tomaban fotos y podían sentarse a platicar con ellos durante esas noches mágicas. Algunas gentes se acercaban para cooperar con doña Magda ofreciendo a la familia ser Santa Claus para ir a entretener a los niños, regalándoles bolsas de paletas, llegaron inclusive coros de niños a cantar y músicos que sin cobrar un centavo, invadidos por el espíritu navideño ofrecían su tiempo para entretener a los visitantes.

En aquellos años, la hija mayor de la familia, Iv Demonte, trabajaba como conductora del programa “Revista de Hoy” de canal 9 y con la compañía de Abelardo Romellón, conducían programas especiales o realizaban posadas en esas fechas especiales.

La gente llamó a ese lugar “La Casa de Santa” y por años, hizo las delicias de familias enteras. La calle se llenaba de autos de gente que desde sus ventanillas observaban la casa iluminada o bien, buscaban un lugar dónde estacionarse para poder bajar y recorrer el lugar. La casa tenía un espíritu de alegría que contagiaba a quienes la visitaban.

Lamentablemente la familia tuvo que vender su casa para mudarse a Mérida, Yucatán y la casa de Santa apagó sus luces. Don Luis falleció hace algunos años, pero su recuerdo sigue muy presente en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo, un hombre generoso, humano, siempre dispuesto a ayudar a quien se lo solicitara, apoyando a la comunidad y causas nobles. Doña Magda reside, al igual que sus hijos actualmente en la blanca Mérida y aún conserva su alegría de vivir; continúa llenando con su luz y enorme energía a quienes la rodean, conserva una tremenda vitalidad y es un ejemplo de vida para todos porque continúa tendiendo su mano franca a quien lo necesite, sea conocido o desconocido.

Recordando esos años donde su familia abrió las puertas de su hogar a todo el público que deseara visitar su iluminación, recordando las incontables sonrisas que provocó y las ilusiones de tantos niños que alimentó, no existen palabras para expresar el agradecimiento por dar todo que ellos tenían de sí, gente ajena, gente extraña, por el simple gusto de dar, de alimentar sueños y llevar esperanzas. Muchas gracias doña Magda por esos años, por su tiempo, por su amor; un abrazo a don Luis hasta allá, a ese cielo que seguramente ya tendrá lleno de luces y figuras mecánicas para alegrar a quienes se encuentran en él.