RAMÓN GALGUERA NOVEROLA

Ramón Galguera Noverola nació en San Juan Bautista, hoy Villahermosa, el 28 de junio de 1914. Sus estudios de primaria y secundaria los realizó en su ciudad natal. Fue hijo único del matrimonio formado por don Hermenegildo Galguera y su señora esposa, doña Esther Noverola de Galguera.

Desde muy joven, ya despuntaba, en Ramón Galguera Noverola, el gran poeta que conocemos a través de sus magníficos libros. Estudió Leyes en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), donde se relacionó con los grupos literarios de medio siglo. El gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, lo llevó a la redacción de Redención, diario del que llegó a ser director. También dirigió Diario de Tabasco Nuevo Rumbo (1952).

Ramón Galguera se desempeñó como locutor y declamador. Publicó sus poemas en periódicos y revistas de Tabasco, como Alborada Alma, y en la revista América y el periódico Novedades, de la Ciudad de México. Su composición «Marcha Tabasco» se convirtió en el «Himno a Tabasco». Desde el 8 de mayo de 2008, como parte de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia Nacional y del Centenario de la Revolución Mexicana, el “Himno a Tabasco” se entona en actos públicos y celebraciones cívicas como himno de identidad de ese estado.

Ramón Galguera Noverola cultivó la poesía de tonos sombríos. Examen de primer grado Solar de soledades mantienen un clima de desolación, amargura y fatalidad, donde la esperanza se ha perdido, salvo a la hora de la muerte. Su poemario póstumo, Nocturnos. Horizontes, recoge sus obras anteriores y algunos de sus poemas no compilados. Su obra es la expresión melancólica de la desesperanza, aunada al fatalismo y a la soledad.

En 1934, cuando sólo contaba con 20 años de edad, publica en el periódico La Voz del Estudiante, editado por la Sociedad de Estudiantes Libres del Instituto Juárez, el poema “Son dos gotas iguales”, compuesto de cinco raras décimas heptasílabas, en el que se nota el influjo que sobre el novel poeta ejercía la lectura de Gustavo Adolfo Bécquer a quien rinde homenaje y en el que a la vez, se advierte la atmósfera de tristeza y desolación que campeará en la totalidad de su obra poética, pues al parangonarse con el sevillano considerado uno de los más altos exponentes del romanticismo, declara:

“Camarada en el llanto,
compañero en la pena,
millonario de ensueños,
trovador de sirenas,
siempre tras una estrella
sobre la comba fría;
siempre amando la noche
y aborreciendo el día,
son dos gotas iguales
tu alma triste y la mía…”

Esa melancolía rayana en amargura, se advierte en el poema de corte nerudiano “Sitio”, incluido por el maestro Francisco J. Santamaría en su libro La poesía tabasqueña, que en una de sus partes dice así:

“Aquí donde el crepúsculo
corre borrando mástiles
y el puerto lava el alma
y es el vértigo urbano
un rumor que se pierde
y un afán que no llega;
entre estas cosas húmedas
de mares y gaviotas,
bajo esta cruz de amargos
soñares infinitos en que el otoño llega,
dibuja el paso simple
del amigo tranquilo,
y nos deja en las manos
un color de hojas secas…
aquí te amo…”

En 1951, Galguera publica Examen de primer grado. En los poemas de este libro, ya es dueño de su propia y muy personal voz poética, de tal forma impregnada de angustia, que esta circunstancia es la que hace resaltar Margarita Paz Paredes en el magnífico juicio que sobre este libro y su autor, publica en la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México, correspondiente al mes de julio de 1952, del que transcribimos a continuación los siguientes párrafos insertados un poco arbitrariamente por nosotros, para sintetizar lo expresado por la brillante poeta mexicana:

“…nada hay en la poesía de Ramón que nos recuerde a Tabasco. Nos hemos asomado, con curiosidad y deslumbramiento, a su mundo poético, donde creíamos encontrar súbitamente el tronco vital de alguna ceiba milenaria, o el torrente avasallador de las aguas del Usumacinta, o el vuelo fugitivo de garzas y quetzales legendarios, o siquiera la sombra tutelar del poeta que ha dado a Tabasco carta de ciudadanía en el atlas de la poesía iberoamericana. Pero nada de eso encontramos…

”Poéticamente Ramón Galguera Noverola está emparentado, por un lado con César Vallejo y por el otro con Edgar Allan Poe y Baudelaire (esto por lo que se refiere a la melancolía y calosfríos de ultratumba que palpitan en casi toda su obra)…

”Todo rezuma amargura y desesperanza en las estrofas estremecidas y estremecientes de este poeta que concibe el amor sólo en trance de despedida, o de ausencia…”

Carlos Pellicer, quien fuera maestro de Galguera en la Escuela Nacional Preparatoria y a partir de esa época, uno de sus más entrañables amigos, en la ya legendaria conferencia que sobre la poesía tabasqueña sustentó durante tres noches seguidas en el Instituto Juárez de Villahermosa, el mes de mayo de 1952, se refiere a él y a su libro Examen de primer grado, en los términos que a continuación citamos:

“Ramón toca el paisaje tabasqueño con la yema de los dedos, pero con exquisita delicadeza, acaso porque para él, la naturaleza tampoco existe. Como además, no es un poeta religioso, su desolada angustia lo lleva a refugiarse en el regazo de su madre a quien dedica dos poemas: El pequeño afán y La noche y mi madre.”

Carlos Pellicer confirma lo ya antes expuesto por Margarita Paz Paredes en el sentido de que, en la poesía de Galguera Noverola, está proscrito el paisaje pleno de sol, de colores y perfumes de Tabasco y que el influjo pelliceriano que Santamaría cree hallar en la poesía del autor de Examen de primer grado, es, como bien lo acota Margarita Paz Paredes, inexistente. Esta última característica ya la habíamos hecho notar en una sencilla nota biográfica de Ramón, al decir: Mientras Pellicer canta: “Trópico, ¿para qué me diste/ las manos llenas de color?/ Todo lo que yo toque/ Se llenará de sol…” Galguera expresa: “¿Y para qué la luz,/ sus tulipanes de gritada feria…?” Exigiendo más adelante: “¡Que asesinen la luz/ o la encadenen para siempre!…”
Más de diez años después, Galguera, que siempre fue refractario a camarillas o clubes de elogios mutuos y que jamás medró al amparo de su poesía, publica Solar de soledades.

Si en los poemas que integran Examen de primer grado encontramos de cuerpo entero a la angustia, ésta se hace más patente en la voz dolorida, más distante y distinta todavía de los poetas del trópico, que campea en Solar de soledades. De la lectura de este libro, sale uno con el espíritu mucho más desalentado y huérfano que el de quien “acaba de hacer una azarosa travesía por el Río Amarillo de la angustia”, como dijera Hildo Gómez Castillo en nota crítica sobre Examen de primer grado.

Al hablar de Galguera Noverola y referirse a su segundo libro, Manuel R. Mora, en un artículo publicado en la gaceta literaria Nivel en agosto de 1979, expresa lo siguiente:

“Solar de soledades ha sido su vida. Solo, siempre, en su grandeza. Ajeno a las tribus literarias. Por elemental respeto a sí mismo y al quehacer poético, nunca se ha promovido ni tampoco ha buscado promotores. Su trabajo se halla en la más conmovedora intimidad por no avenirse con el viento que pasa.

”Qué diferencia tan notable entre este poeta mayor, en el que se equilibran forma y fondo, respecto de algunos que, sin jerarquía ni facultades, se pasean por las calles, por las ferias, por los círculos de ineptos, pregonando ser lo que no son. ‘Yo soy poeta’, claman, cuando no hay en ellos (mujeres u hombres), la savia que integra y proyecta. La falta de pudor es el signo de estos indotados que se esponjan de abalorios y alquilan escaparates para exhibir sus carencias y su irresponsabilidad. Y lo grave es que encuentran cajas de resonancias que alientan el disparate y lo proliferan…”

Más adelante, Mora coincide con Margarita Paz Paredes, al comparar a Galguera, más que emparentarlo con César Vallejo, al expresar:

“Me atrevo a decir, de Ramón, que es el César Vallejo mexicano. ‘Me moriré en París con aguacero’, escribió el extraordinario poeta incaico, en dramática premonición. Galguera expresa, en su poema “De la muerte verdadera”: ‘Los que pasamos, pero no pasamos,/ porque al pasar nadie nos ha mirado./Los que estamos tan solos/ que no podemos preguntar siquiera:/ ¿cuándo fue el girasol condecorado?’

”Es posible que los que desconocen la poesía del tabasqueño, consideren que se trata, al cotejarlo con Vallejo, de una comparación hiperbólica. Pues bien: preocúpense por conocer su obra. Búsquenla. Procuren la hazaña del descubrimiento. Cuando esto suceda, la joya se hará presente en su mágica excelsitud, en el ámbito de las letras hispanoamericanas.”

Ciertamente, la poesía de Ramón Galguera Noverola, escrita siempre bajo el amparo de la soledad y de la melancolía, refleja su ánimo torturado, la asfixiante angustia que siempre lo acompañó desde sus primeros años de vida. La falta del padre, asesinado cuando él contaba con pocos días de haber nacido, fue causa determinante de su ánimo desolado; su falta de fe y de seguridad en sí mismo, hicieron más difícil su tránsito por la vida y, su ensimismamiento rayano en la misantropía, lo alejó por completo de los círculos literarios —a los que se acercó exitosamente, a raíz de la publicación de Examen de primer grado— lo que trajo como consecuencia el desconocimiento casi total de su excelente obra poética.

Hacemos nuestras las palabras de don Manuel R. Mora, en el sentido de invitar a quienes desconocen la obra de Galguera, a buscarla y “procurar la hazaña del descubrimiento”.

Fuente:

  1. Ramón Galguera Noverola, poeta de la angustia y la soledad – Jorge Priego Martínez – El Correo Tabasco – Jul 5, 2014.
  2. Ramón Galguera Noverola – Pilar Mandujano – Centro de Estudios Literarios CEL (IIFL-UNAM) – Enciclopedia de la Literatura en México – 17 abril 2018.