EL TAMBOR Y TAMBORILEROS: ESCENCIA MUSICAL Y

CULTURAL MILENARIA DEL PUEBLO YOKOT’AN DE TABASCO

Por: Plácido Santana Hernández
Historiador y Cronista yokot´an de Centla.
Correo electrónico: pantanoazul1@hotmail.com

 

La música ha sido desde tiempos arcaicos, un acompañamiento cultural, ritual y místico en los pueblos originarios de Mesoamérica, pues ha jugado un papel importante en las cosmovisiones de cada civilización. Por ese motivo, los antiguos pueblos indígenas tuvieron la necesidad de elaborar instrumentos de percusión (membranófono) o viento (aerófono), para acompañar danzas, rituales, ofrendas, sacrificios y, sobre todo, encuentros bélicos que eran tan frecuentes en los pueblos guerreros como los mayas y mexicas. Por ello es común encontrar en relieves, murales como los de Bonampak en Chiapas o en códices prehispánicos del centro de México, músicos indígenas que se encuentran ejecutando tambores, flautas o trompetas. En el caso del pueblo yokot´an de Tabasco, no podía ser la excepción, pues se tiene conocimiento que el pueblo maya – chontal, elaboraba desde antes de la llegada de los conquistadores europeos a las costas de Centla hace un poco más de 500 años, tambores y flautas, que eran utilizados por tamborileros chontales, así lo dice Bernal Díaz del Castillo, soldado y cronista español que en su obra “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España”, narra cómo los chontales tabasqueños, antes de entrar en combate contra los soldados capitaneados por Hernán Cortés en la épica Batalla de Centla en marzo de 1519, venían tocando o ejecutando tambores y trompetillas, anunciando con ello, el inicio del conflicto bélico entre los guerreros chontales y el conquistador europeo.

De igual forma, fray Diego de Landa, misionero español de la orden franciscana, que radicó en la península yucateca entre 1572 y 1579, dejó en sus escritos, que los pueblos mayas utilizaban instrumentos musicales como tambores, tunkules, silbatos o flautas, ocarinas, conchas de tortuga y caracol, que ejecutaban en rituales paganos y herejes, por lo que los condenaba rotundamente.

De esta manera se comprueba que los tambores y flautas o pitos, ya se utilizaban en Mesoamérica desde antes de la llegada de los conquistadores y no fue introducido por negros esclavos africanos traídos por los españoles, como erróneamente se ha comentado por pseudo historiadores que al desconocer la historia de los pueblos originarios de Tabasco y de México, la han confundido y distorsionado.

El Tambor o Joben en lengua yokot´an, es uno de los instrumentos musicales más antiguos que los pueblos originarios de Tabasco conocían, pues según ancianos chontales de Centla y Nacajuca, este se elaboraba de manera artesanal, pues al igual que el cayuco, primero se seleccionaba el árbol con el que se fabricaría (caoba, cedro, macuilis o ceiba), previamente se le pedía permiso al dueño del monte o yumka´, para que autorizara  el corte del árbol seleccionado con una ofrenda y una plegaria en lengua yokot´an a través de un aj ts´a´taya (hechicero o chaman chontal),  esta costumbre de pedir permiso al dueño del monte sobrevive literalmente en la memoria tabasqueña, cuando se pretende cortar o desgajar una planta comestible: La Chaya (Cnidoscolus chayamansa), pues según la creencia, se suplica a la “señora chaya”, permita cortar sus hojas para no recibir picadura de la misma, pues la savia de dicha planta, causa una especie de alergia o picazón en la piel a todo aquel que corta sus hojas sin su consentimiento.

Una vez cortado el tronco del árbol seleccionado, se le daba forma al tambor escarbando el tronco y dejando un contorno circular, después con bejucos y piel de venado se tensaba y amarraba, existiendo dos tambores, el tambor grande o Noj Joben (mal llamado bajo) y tambor chico o chok Joben (mal llamado requinto), según la cosmovisión chontal, el tambor grande representa al tambor macho o el jefe de familia de la etnia yokot´an, este lleva una cuerda o cordel que se cruza al hombro, el tambor pequeño representa al niño o al tambor hembra, se utiliza colgándolo con un cordón que se amarra a la cintura y se pone frente al estómago.

Ambos se percuten con baquetas de madera, aunque el tambor grande se percutía o tocaba antiguamente con una asta de venado, de igual forma, entre los tamborileros o aj joben, había uno que, en tiempos pasados, golpeaba el caparazón de una hicotea macho (Emys Rugosa), este instrumento idiófono se elaboraba extrayendo el animal sin romper el peto frontal, sin dañar la concha o caparazón, se dejaba en un hormiguero para que estos insectos devoraran los restos de carne y después se dejaba al sol a secar, se podría tocar con la palma de la mano o con un asta de venado también. Por ultimo estaba el Pitero o el que ejecuta la flauta o pito que en lengua yokot´an se le dice ëmëy, este instrumento aerófono cuyo sonido se origina por medio del aire en vibración, lleva la dirección primordial de la música de los tamborileros.

Las flautas o pitos que hoy son de carrizo o caña agria (inclusive, hay “piteros” que distorsionan más aun los instrumentos musicales chontales elaborando pitos con tubos de pvc), en épocas prehispánicas se elaboraban de fémures humanos y de venado, de barro cocido, madera o inclusive en Centla se tiene referencia de flautas o pitos de mangle, para los ancianos chontales, el sonido emanado de la flauta o pito imitaba el trino de los pájaros del monte, de la selva, del manglar o el pantano.

Así mismo, cuentan los últimos ancianos chontales de Centla, que los tamborileros deben de ser cuatro, pues estos personajes aludían a las cuatro fuerzas sobrenaturales de la cosmovisión yokot´an, el pitero alude a Yum ik´ o dueño del viento, el tambor macho o noj joben alude al Yumka´o dueño de la tierra, el tambor pequeño o chok joben alude al yumk´ak´ o dueño del fuego y el caparazón de tortuga alude al yumja´ o dueño del agua, ahí el simbolismo de los tamborileros que era exclusivo para los hombres, pues estaba rotundamente prohibido que una mujer fuese tamborilero, hoy con las aperturas feministas y en el nombre de la equidad de género, las mujeres se han integrado a los tamborileros, volviéndolos con este sacrilegio algo profano e impuro, distorsionando un antiguo oficio reservado para los yoko yinik que como requisito indispensable deberían de hablar todos el yokot´an.  Durante siglos, la enseñanza de la música y ejecución de tambores chontales fue mediante la práctica, pues los músicos eran empíricos y liricos, no existían notas ni cuadraturas musicales que enseñaran a las nuevas generaciones, los ancianos enseñaban a los jóvenes y de esta manera se transmitía el conocimiento, los antiguos tamborileros recuerdan los ancianos chontales, eran los que de igual forma elaboraban artesanalmente sus instrumentos musicales.

Una vez elaborado los tambores, la flauta y el caparazón de hicotea, se procedía a bendecirlos o purificarlos, pues antes de cada ritual o danza yokot´an, el aj ts´a´taya o chaman chontal, los sahumaba y en plegarias pedía a las deidades chontales, su consentimiento para utilizar dichos instrumentos musicales, de igual forma, antes de cada ritual donde participarían los tamborileros, se exigía que estos realizaran el ayuno ritual, que consistía en nueve días antes de las ceremonias o rituales, los tamborileros no deberían de ingerir ningún tipo de bebida alcohólica, no fumar tabaco o mariguana y sobre todo, no tener sexo con una mujer, para que de esta forma, llegar purificados y ser dignos de ejecutar los instrumentos que para la etnia yokot´an eran sagrados, de no cumplir con estos requisitos, provocaría la ira y enojo de las deidades a las que se le dedicaban las ofrendas, sacrificios o danzas. Desafortunadamente, hoy todo esto se ha perdido y los actuales tamborileros chontales al desconocer lo aquí descrito, han perdido ese sincretismo, acercamiento, respeto y contacto entre hombres y dioses.

Sin embargo, el añejo oficio de los tamborileros o aj joben, aún sigue vigente y presente,  ejecutándose en fiestas patronales, pues los rituales musicales que en el pasado iban dirigidos a las antiguas deidades del pueblo yokot´an, hoy están encaminados a los santos cristianos introducidos por los conquistadores, la música y el sonido de los tamborileros se mezcla y se confunde con una época moderna donde la tecnología y el internet distorsiona las arcaicas costumbres chontales de nuestro pueblo, pero si en esa vida moderna, donde la globalización mundial busca suprimir todo lo viejo y obsoleto, la música ancestral de los tamborileros se resiste a morir, pues cada vez que un tamborilero o pitero toca su instrumento ya sea en lo profundo de una comunidad rural o en la mismísima ciudad llena de ruidos y el claxon de los vehículos, el alma o pixan del pueblo chontal, trasciende y derriba paradigmas modernos, renaciendo de las cenizas como un ave fénix, con el retumbar de los tambores y el sonido de la flauta o pito, y nos devuelven con esa música tradicional en el mundo actual, la legendaria grandeza y gloria del pueblo yokot´an, la esencia mística y arcaica del pueblo indígena tabasqueño.