Rosario Rodríguez Ruiz, mejor conocida por todos como “Charito”, nació en Villahermosa, Tabasco el 29 de enero de 1950. Desde pequeña se vio atraída por el arte y la cultura, motivo por el cual estudió teatro, danza mexicana y dibujo, pero fue la literatura y en especial la poesía, el género que cultivó como escritora por más de 45 años.
Se inició en el periodismo en la década de los 70’s del siglo pasado en diversas revistas, diarios locales y nacionales; además de suplementos culturales. Por esta labor recibió en 1971 el Premio Estatal de Periodismo y en 1979 el Premio Regional y Estatal de Poesía. Durante años coordinó el suplemento “Grande Mujeres” en el diario Tabasco Hoy.
A lo largo de su trayectoria se desempeñó en el sector público y privado como promotora cultural, participando por más de 50 años en movimientos y grupos en pro del quehacer artístico en diversos foros y escenarios de México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Cuba, Honduras y Brasil.
AL SERVICIO DE LA CULTURA
Desde su incursión en la Dirección de Cultural del FONAPAS durante la administración del Ing. Leandro Rovirosa Wade, su labor como promotora cultural dejó huella en diversas instituciones como el Instituto de Cultura de Tabasco (ICT), la DECUR-Municipal de Centro, el Centro Cultural Villahermosa, la Comisión de Radio y Televisión de Tabasco (CORAT) y el Instituto Estatal de Cultura (IEC).
Publicó los poemarios: Reflejo de lo oculto, Hojas al viento, Algo sobre el amor, Morir de morir, Rueda de tiempo, Apuntes, El Salvador también es un país y Trilogía a la mujer.
Su más reciente libro La otra piel, editado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), fue presentado con mucho éxito en la Casa de Tabasco en México Carlos Pellicer en mayo de 2016 junto a otros artistas tabasqueños.
Después de enfrentar un padecimiento hepático, la decana poeta y promotora cultural falleció en su domicilio el 23 de septiembre de 2017 a los 67 años, dejando inconclusos varios textos que darían forma a un nuevo libro.
SOBRE SU OBRA
La poesía de Rosario Rodríguez se caracteriza por estar cargada de energía, detrás de cuya espléndida precisión verbal está el alma de su autora que desea intensamente vivir y que ha hecho de esta actitud una inflexible exigencia como escritora.
Su obra de una vitalidad y una precisión lírica sorprenden, por su breve intensión de mostrar versos para enseñarnos a ver y sentir de una manera distinta la realidad de la naturaleza humana y diversos elementos que nos son cercanos, pero que Rosario ha enriquecido con sus luminosas y punzantes imágenes, con versos directos y metáforas totales.
Celebramos que la voz de Rosario como poeta, pueda definir su esencia de trópico, intensa y creativa con una sola una palabra y es pasión, porque al mismo tiempo la palabra es pasión y ella la ha ejercido notablemente con justicia y belleza.
Norma L. Domínguez
LA MUJER DEL CUADRO
A Jorge del Moral
Con la mujer del cuadro sollozando por las esquinas
la noche no tiene destino,
el polvo del mundo ha caído inexplicablemente
sobre el pájaro de pecho amarillo que agoniza en el silencio,
sus alas rotas han muerto en el intento del viaje.
Otra vez la fémina cargando sus tentaciones,
rasgando sus vestiduras al calor del infierno.
¿Quién es esta mujer?
Con cuervos y lechuzas guardadas en el armario,
sentada en el filo de la navaja
escupiendo su corazón sazonado con sal,
quitando la envoltura a la esencia del poema.
El sol cubre con sus brazos los cabellos del fugitivo
mastica la memoria de la protagonista
la fiesta vuelve a empezar
los nombres se multiplican como moscas
porque las historias son hojas paridas por el mundo
y traducidas a distintos idiomas
¿Quién es esta mujer?
¡Ojalá que esta noche me importe un carajo!
ROSARIO RODRÍGUEZ
Octubre 4 de 2012
AL POETA CAÍDO
A Ciprián Cabrera Jasso
Dame la señal
un cirio que naufrague río adentro
que lleve de la mano al poeta a su casa de agua,
donde el lecho se mece con las notas de una melodía olvidada
que llega con su cuerpo de ceniza a la otra orilla,
sin nombre,
sin tiempo,
con la soledad de otros esqueletos
que escriben cartas de amor a la muerte
que tienen por sepulcro el lado marchito de las flores
donde el duelo se abre como una rosa en primavera
disfrutándose sin amargura.
Todas las lágrimas que cayeron de tus ojos
fueron llanto derramado por tus sueños,
tempestad que se alargó en el murmullo de otros personajes,
que habitan la parte obscura del mundo.
Ahora sé
que la señal está allá, en Montecristo.
ROSARIO RODRÍGUEZ
Marzo de 2012