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Esculturas monumentales del Periférico
Durante los primeros años en la década de los años setenta se construyó el famoso y moderno libramiento Carretero de la Ciudad de Villahermosa, mismo que aprovechó el presidente Luis Echeverría para engalanar con unas esculturas urbanas monumentales que obsequiaría al pueblo de Tabasco.
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ESCULTURAS MONUMENTALES DEL PERIFÉRICO

Por: Arq. Víctor de Dios Olán

Durante los primeros años en la década de los años setenta se construyó el famoso y moderno libramiento Carretero de la Ciudad de Villahermosa, mismo que aprovechó el presidente Luis Echeverría para engalanar con unas esculturas urbanas monumentales que obsequiaría al pueblo de Tabasco.

Así fue como a finales de 1975, atendiendo la invitación del mandatario federal, un grupo de escultores bajo las siglas GUCADIGO (utilizando la primera sílaba de sus apellidos): Geles Cabrera, Juan Luís Díaz y Mathias Goeritz (+), bajo la dirección de Ángela Gurría, elaboraron un proyecto enorme:

 

PRIMERA VISIÓN

 

Ninguno de nosotros es un consumado escultor realista o figurativo muy exacto, pero haremos un experimento…”, decía el arquitecto Mathias Goeritz, al referirse a la creación de estas obras. Originalmente fueron obras concebidas bajo una óptica de carácter figurativo resultado de un derroche de imaginación y una referencia erótica muy fuerte, debido quizá a que la ubicación de estas sería en el trópico húmedo, en una tierra ardiente, exuberante e intensa.

Cada uno trabajó su obra en la intimidad que la creación exige, sin embargo fueron aprobadas de común acuerdo por el grupo; no obstante lo realista del tema sugerido por Ángela Gurría “La producción agrícola y ganadera de Tabasco”.

Eran piezas para construirse en acero y concreto por lo que su costo se elevó considerablemente, lo más importante fue desarrollar un concepto escultórico acorde a lo que se había sugerido.

CABEZA DE TORO

 

Fue proyectada por la escultora Ángela Gurría y en palabras de la artista esta obra mediría posiblemente más de veinte metros de altura; se orientaría con referencia al río Grijalva para dar una sensación de continuidad y así la cornamenta del toro emergía virtualmente de sus aguas.

Agua, tierra y animal en una superposición de ideas se privilegió durante la creación de semejante obra, la yuxtaposición de estos hizo posible que la naturaleza brotara de una parte inerte de la ciudad; la escala humana fue de alguna manera minimizada al grado de ser solo un simple espectador contemplativo y absorto que deambularía en su perímetro.

Tiempo después este tema sería abordado por la artista en esculturas en mármol, de menor tamaño pero manteniendo el concepto original, el ganado cruzando un río con la cabeza fuera del agua.

CACAO

 

La escultura de Geles Cabrera fue creada para una altura de diecisiete metros y mostraría una mazorca de cacao abierta en uno de sus lados, mostrando las semillas del interior. Sobre cómo surgió la idea de esta obra: “Fue en el mercado central de Tabasco donde vi por primera vez ese fruto y me pareció sencillamente hermoso y encantador, su color en varios tonos de amarillo y su aroma denso que siempre me recordaría el trópico; por esa razón lo escogí como tema para realizar mi escultura…”, me dijo Geles durante una entrevista en su casa/taller en mayo del 2003.

La obra contenía una sencillez muy cercana a los conceptos básicos del minimalismo; fue quizá una de las de mayor impacto entre los artistas ya que resumía en una sola idea la profundidad temática que podía ofrecer la flora tabasqueña.

PLÁTANO

 

Fue conceptualizada para medir entre veintiséis o veintisiete metros de altura considerándose como una de las más altas dentro de todo el conjunto; Juan Luís Díaz aprovecharía las irregularidades del terreno para sugerir con el movimiento del espectador que transitaba en un vehículo por la vialidad que la escultura surgía o se hundía en el suelo.

 

Para el momento en se creó la escultura, el plátano aún se le consideraba como “El oro verde” y una de las producciones agrícolas más importantes del estado.

COCO

 

Pieza monumental diseñada por Mathías Goeritz de veinte metros de altura y que planteaba un semiesférico coco abierto de tajo en uno de sus lados. Sobre la obra el arquitecto opinaba: “El tajo se hizo con hacha (que parte al fruto) bajo nuestra común vigilancia en el mercado de Villahermosa…”; estaba pensada para verse desde varios puntos de la ciudad, incluyendo el libramiento.

La obra contenía una sencillez muy cercana a los conceptos básicos del minimalismo; fue quizá una de las de mayor impacto entre los artistas ya que resumía en una sola idea la profundidad temática que podía ofrecer la flora tabasqueña.

Esta obra sirvió de base conceptual a lo que sería su famosa escultura, El coco creada por Mathías Goeritz en 1975, esta fue colocada en el vestíbulo de un edificio de oficinas ubicado en Tecamachalco, Estado de México y una réplica en pequeña escala fundida en plata, que actualmente forma parte de la prestigiada colección internacional de plata “TANE” de México.

CAÑAS

 

Por último se levantaría un monumento proyectado para medir treinta metros de altura, que glorificaba de una manera artística la riqueza azucarera del estado que en ese momento era la más importante del país y simbolizando además, en la unión de las cuatro cañas de concreto a los artista allí reunidos.

Realmente se trataba de una escultura de gigantescas proporciones o tal vez sea mejor decir gigantescas desproporciones, en la que se unían tres elementos cilíndricos inclinados a uno vertical, coloreados con jaspes verde claro amarillo y verde oliva (simulando hojas que se entrelazan en las cañas de azúcar).

GRUPO GUADICOSE

SEGUNDA VISIÓN

 

Rechazadas las piezas por el presidente Luis Echeverría, por encontrarlas excesivamente caras, se decidió que los artistas nuevamente viajaran a Tabasco para buscar otra fuente de inspiración; así fue como en los primeros meses de 1976 regresaron los artistas para visitar la zona arqueológica de Comalcalco en compañía de un joven escultor que se incorporó al equipo, Sebastián por lo que sus siglas pasaron a ser GUCADIGOSE.

En esta época dan a conocer un manifiesto donde afirmaban que la ciudad maya de Comalcalco fue en el pasado remoto “una gran escuela de Artes”. Esto sirvió para que las obras estuvieran inspiradas en la arquitectura antigua o elementos sagrados del pasado más remoto, como son: los monolitos, cuadrantes solares, montículos funerarios, altares o marcas rituales. Se debían de usar un mínimo de elementos expresivos, a partir de trazos primarios: líneas rectas, zigzag, círculos, cuadrados, espirales, cruces, etc. También deberán utilizar el paisaje natural como fondo de la obra agregándose el color y las texturas.

A través de la simplicidad, cada artista debería exponer profundas reflexiones sobre la relación entre el mundo trascendente y el mundo natural; la mayoría de las obras trasmitirían un sentido de orden místico o misterioso, en otras palabras el redescubrimiento del orden cósmico o de las fuerzas naturales (orientaciones de solsticios y equinoccios).

Siguiendo estos conceptos, el equipo recogió en la tradición regional, aspectos diversos, por ejemplo: las formas constructivas y elementos propios de las culturas olmeca y maya, las técnicas modernas de construcción; alusiones a eventos astronómicos y rasgos geométrico–espaciales tendientes a un minimalismo al que se añadió el concepto del movimiento.

Los recubrimientos de ladrillo evocaron a la ciudad de Comalcalco, construida por los mayas; el concreto aparente fue la aportación de la cultura contemporánea y finalmente el color, una manifestación muy propia del pueblo mexicano.

Así el día 21 de noviembre de 1976 se inauguraron estas obras por el gustoso presidente Luis Echeverría que dijo en su mensaje: “Estas esculturas no solo van a ser muy importantes dentro de la evolución de las artes en México, sino que van a tener repercusión internacional…¿No es así maestro Pellicer?” -.A corta distancia el poeta de América Carlos Pellicer con un gesto de absoluta seriedad le contestó: “No se debe atentar contra la selva, arrancarle terrenos, arrinconarla, despojarla, porque el hombre no puede crecer y realizarse si está encarcelado en las estrecheces de un urbanismo carente de sentido…”.

EL CARACOL

 

Escultura realizada por Ángela Gurría, ésta obra se encontraba ubicada en una glorieta de treinta metros de largo (la más pequeña), casi frente al Museo Regional de Antropología. Consistía en una rampa ascendente helicoidalmente con la superficie recubierta de ladrillo; en la parte superior del basamento se dibujó la representación abstracta de una Ceiba. La obra era una clara alusión a un basamento olmeca, que junto con los mayas fueron los únicos pueblos constructores de estos elementos arquitectónicos en la región sureste.

Los conceptos artísticos vertidos en ella no eran puramente simplistas sino que contenían una carga emocional de forma, color y textura, sin duda acumulados en alguna parte del subconsciente de la artista que siendo de origen tabasqueño.

Fue la primera en demolerse para 1978, argumentándose que la pieza comprimía una tubería de agua potable, que se ubicaba realmente a 20 metros de distancia, la verdad es que al maestro Pellicer nunca le agradaron esta obras y mucho menos el lugar donde se edificó esta: “le tapa la fachada a mi museo…” replicaba constantemente el maestro; por lo que se eliminó una vez pasado el sexenio que las construyó.

PAN DE TEAPA (LA TORTA DEL PERIFÉRICO)

 

Obra de Geles Cabrera, se localizaba en el crucero de la prolongación de Paseo Usumacinta y el Periférico en la zona conocida como “Guayabal”. Fue un basamento oval de aristas redondeadas, recubierta de ladrillo y con dos tajos o pasillos de concreto pintados de color violeta, entrecruzándose de Este a Oeste, siguiendo la ruta del sol durante el solsticio de verano y el segundo durante el solsticio de invierno.

En palabras de su autora: “Traté de representar un gigantesco basamento semicircular con referencias astronómicas a semejanza de lo que en otros tiempos los mayas hacían, pero el nombre me lo sugirieron por su forma y debido a eso decidí llamarla “El pan de Teapa”; siempre he considerado que se escucha bien…”

Era una muestra exuberante de que los objetos por si mismos pueden contarnos una historia a partir de su forma.

Fue la segunda en ser demolida para 1987, bajo el pretexto de que provocaba una falta de visibilidad y daba como resultado accidentes automovilísticos; para nuestra sorpresa en su lugar se colocó un parque con una fuente de cantera disfuncional, carente de sentido estético y que en la actualidad tiene peores problemas que su majestuosa antecesora. “El pan tercermundista”.

PLATAFORMA EMOCIONAL (LA BAJADITA)

 

Obra del arquitecto Mathías Goeritz, esta obra se localizaba en una glorieta de cien metros de ancho (la más grande) en el crucero que hace el Periférico con avenida México (que no existía). Se trataba de un juego visual para apreciarse en movimiento ya que el espectador creía ver que la superficie se hundía o se proyectaba hacia arriba según el sentido de su circulación.

La superficie horizontal estaba recubierta de ladrillo y los muros perimetrales eran de concreto y estaban pintados de magenta originalmente (rosa mexicano), este color era el favorito del artista (es Goeritz quién influye a Barragán en lo que respecta al uso del color en la arquitectura). Al referirse a su obra Goeritz decía: “La mía es la más sobria de todas, da una sensación de espacio vacío y recuerda lejanamente ciertos efectos creados por el pintor italiano Giorgio De Chirico, creador de la corriente pictórica denominada metafísica…”

 

El trabajo de Goeritz aunque minimalista podía ser altamente conceptual, esta obra escultórica fue la más cercana a la “arquitectura emocional” que manejó Mathías Goeritz, debido a que utilizaba los cambios en planos ayudados por los materiales, las texturas y el color. Por la visible falta de mantenimiento esta obra era utilizada para pintar propaganda política, pegar publicidad de eventos, además de utilizarse como un gran contenedor de basura.

Cuando se encontraba en etapa de construcción la población acostumbrada al rumor, dijo: “se les hundió por mal construida” y se le rebautizó como “La bajadita”. En el año 2002 se llevó a cabo su restauración, siguiendo los colores y materiales planteados por el arquitecto Goeritz. Abandonada a su suerte, fue finalmente demolida en el año 2008 por obras de mejoramiento de la vialidad, el arte cedió ante el embate de la pseudo-modernidad.

Demolición de la escultura Plataforma Emocional

TRANSMUTACIONES PITAGÓRICAS (EL SECRETO MEJOR GUARDADO)

 

Controvertida obra de Juan Luís Díaz, se ubicaba en el crucero de periférico con la carretera a San Joaquín y la calle Revolución. Era quizá la más abstracta de todas las esculturas, se trataba de un basamento circular cortado en su medianía en el sentido más largo y con inclinaciones generadas en sentidos opuestos, con muros de concreto pintados originalmente de verde claro, la superficie horizontal se recubrió de ladrillos.

En la obra se hacía alusión a la famosa tabla pitagórica; debido a esto en la parte superior se ubicaban tres elementos: una pirámide invertida en la parte central (sellada hacia la década de los años ochenta), otra pieza que sobresalía con la tabla mágica de nueve dígitos en cinco de sus caras y una más que solo bordeaba la cúspide. Ciertamente esta obra sugería un extraño contenido visual que también inquietaba y que terminaba por descalificarla al no entenderla.

Se restauró en el año 2002, lográndose rescatar la imagen original de la pieza escultórica en un 95%. Fue demolida en el año 2006 por obras de remodelación de la vialidad, actualmente es el mejor homenaje al semáforo; su destrucción solo sirve para afirmar que la ciudad poco a poco se va quedando desnuda de arte, vestida de letreros, semáforos y armatostes que simulan ser modernidad.

SUPERFICIE REGLADA (LA FUENTE DE LOS ABANICOS)

 

Esta obra de Sebastián, se localizaba sobre el Periférico y la carretera a La Isla, conocida también acertadamente como La fuente de los abanicos o La economía quebrada, porque en ese momento la economía estaba así.

Fue una obra de formas angulares generadas en puntos opuestos y que aumentaban de tamaño a medida que se alejaban del vértice, los muros perimetrales en zigzag eran de concreto pintados originalmente de color amarillo cromo y las superficies inclinadas generadas hacia los vértices estaban recubiertas de ladrillos; fue probablemente uno de los primeros trabajos que produjo el artista en lo que a escultura urbana se refiere.

La falta de sensibilidad artística de las autoridades de esos momentos ordenaron su destrucción en 1990; con el pretexto de mejorar la vialidad; desde ese entonces la glorieta ha sido modificada tres o cuatro veces más, lo cual indica que eliminar la escultura no fue la solución al problema.

Cabe mencionar que esta experiencia le sirvió posteriormente a Mathías Goeritz (+) para desarrollar y coordinar el proyecto del “Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria” monumento de “arte de la tierra” uno de los más grande del mundo (200 metros de diámetro) en el Centro Cultural Universitario de 1978.

Fue muy común escuchar: “estaban feas” o “no servían para nada”, y es que primero se recurre a denostar lo que no se conoce para no dejar por asentado nuestro total desconocimiento del tema. Segundo, solo tenemos como concepto estético lo que nos enseñaron en la escuela del siglo pasado “el arte solo puede ser belleza…” pero esto resulta ser muy subjetivo en este nuevo siglo; recordemos que una caja de zapatos vacía es el objeto más bello del siglo XXI.

Por último quiero agregar que estas obras nunca fueron presentadas al pueblo que sería su espectador, por lo tanto jamás las vieron como algo propio y mucho menos las vieron con un valor estético digno de permanecer, solo miraron en ellas “una pila de ladrillos”.

G A L E R Í A