Doña Juanita vendía pastelitos fritos de carne, queso y crema. Se llamaba Juana Torres y desde los 20 años de edad vendía pasteles.
Con el sol o con lluvia, recorría Paseo de la Sierra, Paseo Usumacinta para situarse, por la tarde, en los portales de la avenida Madero, frente a la tienda de Cabal y después, en «Del Sol». Decía vender hasta 80 pastelitos al día que ella misma preparaba.
Morena, chaparrita, vivaz. Llevaba la cabeza cubierta con un paliacate rojo, su mandil y su inseparable canasta de mimbre, ofreciendo pastelitos de carne y queso. Si la llamaban y no le compraban, respondía con insultos, al igual que cuando cuando la provocaban.
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