Frontera como puerto natural, alcanzó gran desarrollo económico todo el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, el comercio y exportación al extranjero de palo de tinte, maderas preciosas, plátano y por último el camarón, fomentó las grandes flotas de embarcaciones que trasportaran los productos.
Es por ello que nacen los astilleros a inicios del siglo XX. De las empresas pioneras en este rubro, fueron Bushnell Line y The Frontera Corporation Co. Quienes instalaron en 1902 y 1904, a orillas del rio Grijalva en el puerto de Frontera, los primeros astilleros donde se construyeron enormes y lujosos buques de vapor como el “Sánchez Mármol” o “El Carmen”.
A la par del nacimiento de los astilleros, también se crearon los varaderos, lugares donde se reparaban artesanalmente estas embarcaciones construidas principalmente de hierro y madera.
Los varaderos – contaba Mariano Samberino Adriano (QEPD), un viejo lobo de mar del puerto de Frontera – eran los talleres donde se reparaban los barcos, allí se varaban sobre grandes camas de madera, las embarcaciones; hombres fornidos en calzones cortos, con el torso desnudo jalaban y manejaban winches, pastecas, cables, cabos y cadenas, para acomodar a las enormes embarcaciones a reparar.
Al pasar por los varaderos, era común escuchar los golpes del mazo para calafatear, se manejaba para reparar embarcaciones, herramientas como fierro para meter estopa, mazos de madera, anzuelas para labrar la dura madera de pucté, se trabajaba con estopa alquitranada cuyo olor era fuerte y penetrante, para sellar las ranuras y juntas para que no pasara el agua. También en los varaderos se raspaba toda la broma y conchuelas adheridas al casco del barco, se utilizaba una masilla de cal, aceite de tiburón pintura anti vegetativa, a veces la pintura se revolvía con insecticidas y chile molido para sellar por completo el casco del barco en reparación.
Una vez concluido el trabajo, se engrasaba todo los largueros donde se deslizaría la cama con el barco encima, una vez que se despejaba el área, se golpeaban los calces y retenes, cuando se quitaba el ultimo calce, la embarcación viajando de popa, se deslizaba con rapidez y al chocar contra las aguas del Grijalva, se levantaba una vistosa cortina de agua que a manera de bautizo, le daba la bienvenida nuevamente a la embarcación.
En los varaderos de Frontera se repararon embarcaciones legendarias como el vapor Carmen, canoas como la Yalton, y barcos como el Palomo, Beatriz Marfil, Doramilia, el América, el Frontera y una enorme embarcación platanera que causó sensación en el varadero de los Samberino en 1950, el Oro Verde, propiedad de la COOTIP y que media 45 metros de eslora, todo de hierro con un peso aproximado de 250 toneladas, fue varado con winches de mano y por su longitud, se tuvo que derribar una pared de mampostería para darle paso a la proa que sobresalía casi 12 metros a la calle Esteban Samberino, por abajo pasaban los pocos carros que circulaban en Frontera, quienes se admiraban y asombraban de tan espectacular escena, entonces soldadores y mecánicos trabajaron para reparar esta titánica embarcación.
En los astilleros que existieron en Frontera, se construyeron barcos escameros y camaroneros hasta 1970. Uno de los últimos astilleros fue propiedad de don Pepe Bulnes, se encontraba en la calle Esteban Samberino entre las calles Cuauhtémoc y Riva Palacio del puerto de Frontera, testimonios orales relatan que este astillero cerró sus puertas en la década de 1980.
Para inicios de los años 80 del siglo XX, en Tabasco se había desarrollado una gran red de carreteras terrestres y aunque los barcos de transporte de carga y comercio habían menguado, aun subsistía la flota mosquito (pequeñas embarcaciones camaroneras y escameras) de 45 pies y barcos grandes de hasta 75 pies, que utilizaban los servicios de los varaderos en Frontera, de los cuales quedaban muy pocos, como el de don Aurelio (la bestia) Arellano quien había adquirido el antiguo varadero de don Juan (Cubico) Contreras, Mariano Samberino Adriano (el más antiguo de Frontera), Ernesto de la Cruz (Octagón), Alfonso Magaña Maldonado (moquillo), y el del Complejo Pesquero, gestionado por don Miguel Paz Estañol. Existía un varadero muy cerca de la colonia Arrollo Polo.
Hombres expertos en el oficio de los varaderos fueron don Marcelo López, Manuel Paredes Hernández, los hermanos Antonio y Jesús Ahumada Javier, Ernesto Sánchez, Arturo Ortiz, Benito Hernández y Candelario Amaya entre otros muchos porteños dedicados al trabajo de reparación de barcos.
Los varaderos sobrevivieron hasta la década de 1990,
En la actualidad en el puerto de Frontera, subsiste solo un varadero propiedad de la Secretaría de Marina denominado como Centro de Reparaciones Navales, construido en los terrenos expropiados a don Alfonso Magaña en 1982.
Los ancianos porteños que recuerdan los varaderos, recuerdan que a veces, al cruzar esos terrenos vacíos llenos de vegetación donde se ubicaban, en ocasiones les parece escuchar el sonido de los mazos de calafatear y sus recuerdos los llevan a otros tiempos, cuando el bullicio y el ruido de los carpinteros y calafateadores se esparcía por todo el pueblo, el trabajo abundaba y el puerto de Frontera era el mejor puerto de Tabasco y uno de los más importantes del Golfo de México.
Fuentes: