Nació en el municipio de Teapa, en el Estado de Tabasco, el 25 de abril de 1870, y vivió en esta entidad hasta 1913, cuando sus actividades maderistas lo forzó a huir al Estado de Chiapas, donde pasó los 20 años más fértiles de su vida. Se dedicó al estudio y al trabajo intelectual. Estudió y fue maestro en el “Instituto Juárez”, recibiéndose en el año de 1900, con el examen a titulo de suficiencia; esto, sin haber cursado carrera en las aulas, fue un autoeducado en todo y es aquí donde se encuentra su gran secreto, hacia las aportaciones y actividades intelectuales que nos dejó.
En una breve descripción de su vida, el maestro Rafael Domínguez Gamas nos comenta que, Marcos Enrique se dedicó a la enseñanza desde su juventud, y fue un maestro inteligente en todo sentido, con una capacidad que no tuvieron muchos de los que salieron de las aulas del “Instituto Juárez. Con el tiempo Marcos Enrique, se inclinó a favor del pensamiento de Sor Juana Inés de la Cruz, la de colocar las riquezas en su entendimiento y no su entendimiento en las riquezas.
Sus obras y su trabajo como maestro, funcionario y promotor, lo hicieron escribir y presentar “Por la ruta de la Atlántida” en la Academia Nacional de Ciencia “Antonio Alzate”, que es un ensayo de identificación entre el nahoa y el maya y las lenguas antillanas, presentado por haber cumplido dicha academia 50 años de haber sido fundada. Fue Presidente de la Academia de la Lengua Náhuatl en 1937. Además, en su estado natal fungió como Secretario General de Gobierno durante la administración del Doctor Manuel Mestre Ghigliazza.
Marcos Enrique escribió libros y poemas, en los que reveló sus intereses por dirigir las riquezas en su entendimiento. La poesía de él solo aparecería esporádicamente en periódicos de provincia, como piezas aisladas. Y se sabe que a partir de entonces, empezó a abrigar la idea de elaborar su obra única, la de un solo libro que hablara de toda su vida llamándola “El Penúltimo poeta” (versos a destiempo).
Marcos Enrique no alcanza la altura poética de algunos de sus contemporáneos, porque sus poemas, al lado de las obras de estos autores, suelen ser por los afanes positivistas, y a veces resultan antiguos, en cuanto a la forma como a los recursos estilísticos. Pero lo que da a su poesía una calidad especial, es que en ella se puede ver la preocupación de un hombre sabio, dedicado al estudio, que se adelantó a su tiempo en los campos que más le interesaban, la botánica, la historia y sobre todo la gramática. Como persona en verdad culta, practicó firmemente la escritura, y confió al verso la tarea de expresar sus vivencias más profundas. Como individuo sensible que fue, en algunas ocasiones, en especial cuando la adversidad o el regocijo más íntimos y auténticos lo liberaron de las preocupaciones didácticas y le dieron el más personal de sus acentos; logró remontar su capacidad acostumbrada, y nos dejó un puñado de obras dignas de recordar como:
Removido de la Dirección General de Educación Pública en Chiapas, y enfermo de paludismo, se instaló en la Ciudad de México, donde ocupó hasta el final de sus días un humilde puesto como investigador en el Museo Nacional de Arqueología, donde falleció poco antes de cumplir 70 años de edad, el 7 de enero de 1940.