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Parque “General José Domingo Ramírez Garrido”
La historia del parque conocido popularmente como "Los Guacamayos" parque conocido por todos.
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PARQUE GENERAL JOSÉ DOMÍNGO RAMÍREZ GARRIDO

Por: Arq. Víctor de Dios Olán

 

“La arquitectura aguarda a la inmortalidad; por eso es la única de las artes incapaz de ver modas en sus elementos…”

Víctor DE DIOS

Conocido como parque de “LOS GUACAMAYOS” o también “LA JÍCARA”. Ubicado desde su construcción en la intersección de las avenidas Paseo Tabasco y Coronel Gregorio Méndez en la colonia Jesús García. Fue edificado basándose en dos pequeñas fotografías blanco y negro que aportó la Sra. Graciela Pintado de Madrazo después de un viaje que hiciera al Japón, así como en el relato que hizo sobre los simbolismos que encerraba aquel parque del lejano oriente.

Mi padre, Don Víctor Manuel de Dios Veites me contó que: “La obra quedó a cargo del Ing. José Luís Villafuerte, y la interpretación de esta idea la llevaron a cabo los arquitectos Jacinto Zapata Yánez, Marcelo Zanetti Gelatti (de origen italiano) y dos más de los que solo recuerdo sus apellidos, quienes fueron contratados a ex-profeso para esa obra (Subillaga y Baena procedentes de la ciudad de México), los planos fueron hechos en Área de Proyectos de la Dirección de Obras Públicas del Estado, por mí y el personal de dibujo.

El parque recreaba tres conceptos de la filosofía japonesa: el cielo, la tierra y el hombre; de tal manera que diseñaron para el cielo una cúpula con un óculo en la parte superior (diseñada, calculada y dirigida por un ingeniero de apellido Palacios) soportada por seis columnas bifurcadas que también hacen las veces de trabes de soporte, dos de estas tenían en su base un espejo de agua (de este gran elemento toma el pueblo el segundo apodo, la jícara, por el cierto parecido formal).

La tierra estaba representada por una gran explanada de círculos concéntricos con pisos de mármol Travertino donde predominaba una jardinera central con fuente que coincidían con el óculo; los jardines hacia el fondo se enmarcaban con los oscuros muros de espuma volcánica del Xitle (Volcán ubicado en las faldas del Ajusco y su nombre significa “ombligo”) y que hacían las veces de muros de contención; además se erguía una estructura metálica que funcionaba como jaula con guacamayos que penetraba la cúpula (de allí el primer apodo “parque de los guacamayos”)

Para reforzar aún más la idea de la tierra, se colocó una fuente que bordeaba la jardinería y se entendía lateralmente hacia una calle peatonal donde sobresalen unos chorros de agua que hacen las veces de una cascada, cabe mencionar que una parte de la fuente estaba decorada con mosaicos donde se mostraban figuras acuáticas.

El último concepto es el hombre y este estaría representado por los visitantes que se deleitarían recorriendo el parque.

Cabe recalcar que para los pisos se utilizaron mármoles travertinos en dos tonos contrastantes; las fuentes se decoraron con mosaicos venecianos (este material requiere poco mantenimiento, es resistente a cualquier tipo de ácidos y su durabilidad es de aproximadamente de 200 años o más) para los muros se utilizó la piedra antes mencionada y para el mobiliario se manejó piedras coladas de granito en colores color negros, blanco y gris.

Las autoridades de épocas subsecuentes empecinadas en acabar con todo vestigio de memoria, no solo desvirtuamos el concepto del parque sino que además llevaron a cabo las peores agresiones a la memoria construida de la ciudad de Villahermosa.

En la primera remodelación a finales de la década de los ochenta, se recubrió la piedra volcánica con vil cemento y pintura vinílica color gris, es aquí cuando se disfraza la cúpula de “una jícara volteada” (usualmente las jícaras tienen los dibujos en el sentido tangencial a la base y la boca); los jardines son convertidos en acahuales, la jaula de los guacamayos se queda como una estructura vacía y eliminan los espejos de agua ubicados en las bases de las columnas bifurcadas, todo un destrozo.

Aqui se observa la estructura de la jaula
La estructura de la jaula desapareció

En la primera remodelación a finales de la década de los ochenta, se recubrió la piedra volcánica con vil cemento y pintura vinílica color gris, es aquí cuando se disfraza la cúpula de “una jícara volteada” (usualmente las jícaras tienen los dibujos en el sentido tangencial a la base y la boca); los jardines son convertidos en acahuales, la jaula de los guacamayos se queda como una estructura vacía y eliminan los espejos de agua ubicados en las bases de las columnas bifurcadas, todo un destrozo.

En una segunda remodelación las cosas resultaron aún más funestas: los muros de la otrora espuma volcánica recubiertos con cemento se revistieron con placas de cantera (este tipo de piedra requiere de un mantenimiento caro y permanente); destruyeron los mosaicos venecianos que aún estaban en las fuentes y por ultimo continuaron reforzando el concepto de la “jícara volteada” pintándole ahora un idílico paisaje pueblerino, para colmo mal hecho.

En la tercera remodelación ya entrado el nuevo siglo y llevada a cabo bajo la supervisión de un profesionista poco versado en el tema, se pintan las placas de cantera con pintura de esmalte mate (entiéndase de aceite) con los colores comerciales que recuerdan a una bebida gaseosa (cosa que resulta ser una doble aberración), por lo que se disfraza el parque de una refresquería y se regresa a reforzar la idea de que la cúpula es una “jícara volteada”.

En cuarta y última remodelación se ordena pintar los pisos de mármol con pintura de esmalte y le plasma en el domo otro mural (tomado de una foto de internet) con guacamayos (este tipo de ave no es endémica del estado, si no del sureste de México, Centro y Sudamérica, por lo no representa absolutamente nada), se colocan una velarias para proteger del sol plantas de ornato que son de otras latitudes. El sentido estético o de arquitectura de paisaje que debieron predominar en todo los momentos brillaron por su ausencia. El parque nunca podrá recuperar su originalidad, se borró de un plumazo la memoria construida de los años sesentas.

Si en Villahermosa se hubiera construido un parque como el “Parque México” de 1927, una de las joyas del Art-Decó a nivel mundial; este ya lo habrían despedazado en aras de ese mal entendido “pseudo modernismo a ultraza” mal entendido que existe en nuestros paisanos.

En cuarta y última remodelación se ordena pintar los pisos de mármol con pintura de esmalte
Hay mucha falta de conocimiento que provoca se destrocen parque históricos en la ciudad
Se borró el concepto valioso del los 60 por ignorancia

G A L E R Í A