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Parroquia de San Pedro y San Pablo
Sitio web de recopilación histórica del estado de Tabasco.
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PARROQUIA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

La parroquia de San Pedro y San Pablo, de Jalapa, fue construida de guano y Palma desde el siglo XVI de tal forma que cuando Fray Bartolomé de las Casas entró aquí en 1544 ya existía la Iglesia.

En 1902 se construye de material a costa de Don Juan Mateo Pimienta quien fue encarcelado en Pichucalco y condenado a muerte por un crimen del que era inocente. Prometió que si la libraba iba a construir la Iglesia y lo cumplió.

En 1927 fue quemada por Garrido Canabal y se convirtió en escuela racionalista
En 1940 los señores Horacio Olmos Luna y Eloy Ascencio promovieron la remodelación
En 1965 Don Antonio Ocaña Priego de su dinero mandó a hacer el altar la pila bautismal y el púlpito de puro mármol de Puebla

En los años 80s se remodelaron las paredes y la nave del altar o techo más moderno
El 16 de marzo de 1987 a iniciativa de Ing. Alfonso López Vázquez se le puso el reloj.
El reloj comenzó a funcionar a las 3 de la tarde de ese día

En el año 2012 un rayo quemó las alas del ángel de la derecha
2014 se construye un nuevo Santísimo y patio lateral, con donaciones del pueblo

 

Desde que los mayas de Ayapa entregaron la Virgen a la pequeña comunidad náhuatl de Cupilco, esta se convirtió rápidamente en el centro de su sistema cosmogónico y ritual. A lo largo de los siglos, los cupilqueños han defendido a la Virgen primero de los españoles, luego de los franceses, durante el imperio efímero de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867), finalmente del Estado mexicano y, durante un cierto período, de las mismas autoridades eclesiásticas. Las políticas de «desfanatización» del mundo rural puestas en práctica por Garrido Canabal, culminadas en varios auto de fé públicos de cruces, santos y confesionarios, empujaron a los mayordomos de Cupilco a esconder a la Virgen en los popales, donde permanecieron al menos seis años, mudando en varias casas de barro, protegidas por una guardia particular.

El colorido templo se remonta a los años cincuenta del siglo XX, cuando el obispo José de Jesús del Valle comenzó a interesarse por la “cupilqueña” y comenzó a evaluar la posibilidad de establecer una parroquia en el poblado –, la Virgen de la Asunción fue cuidadosamente alojada, curada y vestida durante siglos en pequeñas capillas o chozas de guano, madera y barro seco.

Una cofradía femenina informal ha sido responsable del cambio de vestimenta de la Virgen durante siglos. Una práctica que todavía se realiza cada 15 días, cuya preparación es encargada, en rotación, a una familia de la comunidad, a través de un sistema de cargos que constituye el marco social del mecanismo de bienestar tradicional de la aldea. Detrás de este ritual, de hecho, hay un sistema móvil de asistencia social para los pobres de la comunidad y el núcleo duro de una red informal de peregrinaciones que a lo largo de los siglos han permitido a la comunidad autogestionar la hospitalidad de los visitantes procedentes de otros lugares, indígenas y, en tiempos más recientes, mestizos, de la región.

Cuando, desde los años 70, Cupilco se erigió finalmente en parroquia (insertando también la parte zoque de Ayapa, separada solo en 2016, además de Iquinuapa y Mecoacán), uno de los principales problemas consistió precisamente en establecer una relación equilibrada entre el sacerdote y la comunidad. En el pasado reciente, tampoco faltaron tensiones, enfrentamientos, angustias y hasta religiosos obligados a huir del poblado por la noche.

En este sentido se desarrolló en la última década un paciente trabajo de pacificación llevado a cabo por un misionero italiano, don Enrico Lazzaroni, al frente de un equipo de colaboradores locales y de la región chol del estado (Marco, Fredy y María Isabel de la Cruz). Un trabajo basado en el respeto a los roles, tareas y prerrogativas culturales y de género.