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Doña Fidencia
Fidencia Fernández Sastré era una joven mujer de la clase alta, hija de un rico agricultor. Vio la luz primera, en la ciudad de Cunduacán el día 2 de Noviembre de 1884
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DOÑA FIDENCIA

Fidencia Fernández Sastré era una joven mujer de la clase alta, hija de un rico agricultor. Vio la luz primera, en la ciudad de Cunduacán el día 2 de Noviembre de 1884, sus padres lo conformaban el matrimonio formado por los señores Juan Fernández Veraud y Leonarda Sastré.

El 3 de agosto de 1863, Eduardo González Arévalo, que se había posesionado de Tabasco, con sus fuerzas intervencionistas el 18 de junio anterior, tuvo oportunidad de conocer a la hermosa Fidencia en “Santa Rosalía” en Cárdenas, Tabasco. Sorprendido por la espléndida belleza de 18 años floridos, decidió que antes de un mes tomaría por esposa a tan guapa mujer sin contar con la expresa decisión de Fidencia ni tampoco con la autorización de sus padres. Tan seguro estaba Gonzáles Arévalo de que su empresa sentimental sería llevada a feliz término que pidió a Estados Unidos grabada con los nombres: “Arévalo y Fidencia” además de pedir un cargamento de buenos licores para el casamiento.

La familia no estaba de acuerdo pero era el gobernador designado por los imperialistas. La familia de Fidencia acordó que su hija huyera con su hermano Cándido de San Juan Bautista, hoy Villahermosa. El escape se dio durante la noche, vistiendo a Fidencia como un hombre para evitar que alguien pudiera reconocerla y decir por qué ruta había escapado.

Salió de Cárdenas rumbo a Huimanguillo acompañada de su hermano Cándido. Ahí se les agregó el joven Agustín Lutzow. De Pichucalco fueron a San Cristóbal de las Casas, luego a Tapachula Chiapas salieron de México. Atravesaron Centroamérica y en Panamá abarcaron para Cuba. A finales de Agosto arribaron a la Habana donde vivieron hasta 1864.

Salió de Cárdenas rumbo a Huimanguillo acompañada de su hermano Cándido. Ahí se les agregó el joven Agustín Lutzow. De Pichucalco fueron a San Cristóbal de las Casas, luego a Tapachula Chiapas salieron de México. Atravesaron Centroamérica y en Panamá abarcaron para Cuba. A finales de Agosto arribaron a la Habana donde vivieron hasta 1864.

Cuando el intervencionista Arévalo tuvo conocimiento de la fuga de Fidencia y Cándido, se dirigió a Santa Rosalía en unión de su Estado Mayor.

El propietario del predio al conocer la marcha del Gobernante invasor, temiendo que este procurara vengarse descargando todo el peso de su enojo sobre él, decidió cerrarles las puertas de su aposento. Eduardo convenció al señor Fernández Veraud de que no lo animaba el odio, y abrazándole díjole:
-Señor, si sus hijos lo han abandonado aquí tiene usted a otro hijo que le cede toda su protección y ayuda.

Cuando las fuerzas federales tuvieron nuevamente el mando de Tabasco, decidieron regresar.

Las versiones cambian, historia y ficción se cruzan constantemente al narrar la vida de esta célebre mujer tabasqueña. Pepe Bulnes escribió al respecto:

Fidencia Fernández Veráu (sic) [ … ] A esta linda mujer la conoció Arévalo en un sarao del Casino de Tabasco. Se enamoró de ella y en dos ocasiones pidió su mano. Al negársele el casamiento, comenzó a hostilizar a la familia. Tuvo que huir con su padre atravesando ríos y montañas hasta llegar a Estados Unidos donde compraron los citados cañones (un par de cañones para atacar a los imperialistas de Tabasco.”

César Sastré Fernández Veraud

Existe un comunicado fechado en octubre de1863, donde el Prefecto Político Tomás Marín se quejaba de los abusos del comandante Arévalo y aseguraba. “[ ] Sabe el Sr. Arévalo a su paso por la villa de San Antonio que hay una familia respetable, la de don Juan Beran […] tienen por únicos herederos [aj un joven y [a] una niña casadera […] y a las pocas horas de llegado a la finca pide a la joven para casarse y la familia aturdida con tal pretensión, rodeada de gente armada, aparenta acceder y pide algunos días de tiempo para verificarse el enlace, del cual se ve libre la niña Huyendo con su hermano disfrazada de hombre, por el rumbo de Guatemala [ … ]”

 

LA QUINTA GRIJALVA

 

Fidencia Fernández se casó con el Sr. Cesar Sastré Veraud, quien el 27 de mayo de 1912 se convirtió en el nuevo dueño del predio del Cerro de Guadalupe cuyos terrenos ocupan hoy la Quinta Grijalva. Gracias al contrato de compraventa, se puede saber que César Sastré Veraud, era un agricultor de 35 años que radicaba en Cárdenas, y se encontraba “accidentalmente de tránsito en esta ciudad”. Datos no del todo veraces, ya que César Sastré fue diputado suplente en esa época. la escritura describe la propiedad:

“una finca urbana construida de mampostería, tejas y maderas del país (ya no se habla de tejas extranjeras) ubicada en el barrio Macayal, calle Santos Degollado de esta ciudad cuyos linderos y dimensiones son: la casa mide diecinueve metros por cada uno de los rumbos, Norte, Sur, Este y Oeste; la segunda casa mide, diez metros de largo por seis me­tros de ancho [ … ]”.

Al enviudar doña Fidencia Fernández el 30 de agosto de 1917 la casa pasó a sus manos quien llegó a ser la persona que durante más tiempo conservó la propiedad. Ella utilizaba la casa del Cerro de Guadalupe como lugar de descanso y continuaba viviendo en su domicilio de la calle Madero. Mujer magnánima y desprendida permitía que los aguadores sacaran agua del pozo y la vendieran por las calles de la ciudad con el pregón “Agua de quinta”.

Tomás Garrido Canabal resultó ganador en las elecciones para la gubernatura y tomó posesión del cargo el primero de enero de 1931.

Doña Fidencia atraía a los camisas rojas regalándoles comida y colgándoles escapularios. Por las tardes salía a rezar en voz alta caminando en la banqueta, llevando en sus manos un rosario grande de madera.

Por su osadía, un día la visitó un emisario del Ciclón del Sureste, quien le llevó cinco mil pesos en oro y le pidió le entregara las escrituras del Cerro de Guadalupe. Ella se negó en un principio, pero el gobernador se impuso y Doña Fidencia tuvo que venderle su propiedad a la fuerza el 14 de febrero de 1931.

Hay dos versiones respecto a cómo se bautizó a la famosa calle en el Centro con su nombre:

La primera es que gracias al favor político que doña FIdencia hizo a Tomás Garrido Canabal por la venta del Cerro de Guadalupe, él decide cambiar el nombre de la calle Marina, en honor a la mal llamada Malinche, por el de Doña Fidencia, en 1935.

Otra versión de cómo se dio su nombre a esa calle es la siguiente:

Por esos días el Diario Redención propuso cambiar el nombre de la céntrica calle Doña Marina y pedía a los lectores que sugirieran nuevos nombres. El argumento utilizado por el diario era que Doña Marina, una mujer traidora a su propia raza, no debía tener la distinción de que una calle llevara su nombre. Los ciudadanos tenían bien claro el nombre de la tabasqueña que debía de ostentar ese honor, como a los pocos días se leyó en el mismo diario:

“El 27 de febrero [ … J 1931 a las diez del día partió una manifestación, llevando a los niños de las escuelas y a la banda de música que dirige el profesor Domingo Díaz y Soto, presidida por don Francisco Ortiz presidente municipal de esta capital, y al llegar a la calle de Doña Marina quitaron la placa esrnaltada de este nombre que estaba colocada en la pared de la casa de la esquina de Don Alfonso Sánchez y colocaron una de mármol con el de Doña Fidencia. [ … ] El secretario del ayuntamiento, señor Fuentes dio lectura al edicto Municipal que en lo conducente dice'( … ] Que doña Fidencia Veraud, durante la invasión francesa demostró su patriotismo rechazando heroicamente las pretensiones del aventurero Arévalo [ … ] se hace necesario perpetuar por méritos ele justicia, el nom­bre ele doña Fidencia Veraud que según la evidencia ele los hechos resulta el tipo genuino de la mujer tabasqueña leal y abnegada ( … ]”.

Fuente:

 

 

  1. La Quintana Grijalva – Un Renovado Patrimonio del Pueblo de Tabasco (1894-2004) . gobierno del Estado de Tabasco. 2006.
  2. Cultura Kuumwaahkaan. Espacio Cultural sin fines de lucro del municipio de Cunduacán, Tabasco.
  3. Papiro – Primera quincena de Diciembre 2008 – Año II Num. 19 Pag. 11
  4. Testimonios orales de la familia Sastré.