Fidencia Fernández Sastré era una joven mujer de la clase alta, ella misma narra: «Nací en el barrio de Cuculteupa de la hoy ciudad de Cunduacán, el 11 de noviembre de 1844. Mis padres fueron don Juan Fernández Veraud y la señora Leonarda Sastré de Fernández, siendo mi maestro de primeras letras en la misma finca, el conocido educador don Antonio Cabeza, maestro que, al trasladarse más tarde a Cunduacán, fundó una escuela ayudado por su virtuosa compañera doña Mariana Lezcano de Cabeza, en donde figuraron como alumnos, Arcadio Zentella, los Cruz, los Presenda, Salomé Taracena y otros».
El 3 de agosto de 1863, Eduardo González Arévalo, que se había posesionado de Tabasco, con sus fuerzas intervencionistas el 18 de junio anterior, tuvo oportunidad de conocer a la hermosa Fidencia en “Santa Rosalía” en Cárdenas, Tabasco.
Sorprendido por la espléndida belleza de la joven, decidió que antes de un mes la tomaría por esposa, sin contar con la expresa decisión de Fidencia, ni tampoco con la autorización de sus padres.
Las versiones cambian, historia y ficción se cruzan constantemente al narrar la vida de esta célebre mujer tabasqueña. Pepe Bulnes escribió al respecto:
Fidencia Fernández Veráu (sic) [ … ] A esta linda mujer la conoció Arévalo en un sarao del Casino de Tabasco. Se enamoró de ella y en dos ocasiones pidió su mano. Al negársele el casamiento, comenzó a hostilizar a la familia. Tuvo que huir con su padre atravesando ríos y montañas hasta llegar a Estados Unidos donde compraron los citados cañones (un par de cañones para atacar a los imperialistas de Tabasco.”
Existe un comunicado fechado en octubre de1863, donde el Prefecto Político Tomás Marín se quejaba de los abusos del comandante Arévalo y aseguraba. «[ ] Sabe el Sr. Arévalo a su paso por la villa de San Antonio que hay una familia respetable, la de don Juan Beran […] tienen por únicos herederos [aj un joven y [a] una niña casadera […] y a las pocas horas de llegado a la finca pide a la joven para casarse y la familia aturdida con tal pretensión, rodeada de gente armada, aparenta acceder y pide algunos días de tiempo para verificarse el enlace, del cual se ve libre la niña Huyendo con su hermano disfrazada de hombre, por el rumbo de Guatemala [ … ]»

Tan seguro estaba González Arévalo de que su empresa sentimental sería llevada a feliz término que pidió una vajilla a Estados Unidos grabada con los nombres: «Arévalo y Fidencia» además de pedir un cargamento de buenos licores para la boda.
La familia no estaba de acuerdo, pero era el gobernador designado por los imperialistas. Ante el desacuerdo de Fidencia con ese matrimonio, su familia acordó que huyera con su hermano Cándido de San Juan Bautista, hoy Villahermosa.
Salieron de la hacienda de Santa Rosalía ubicada en el distrito de Cárdenas, Tabasco como a las cuatro de la tarde encaminándose con rumbo opuesto a donde iban, con el objeto de despistar a sus perseguidores y ganar tiempo; ya entrada la noche mi tía Fidencia cambió sus vestidos de mujer por las de un joven y su hermano cambió su fisonomía con bigotes y barba y él tomó el nombre de Pablo y ella Juan. Iniciaron un camino que tardarían como 4 meses en recorrer.
Cuando el intervencionista Arévalo tuvo conocimiento de la fuga de Fidencia y Cándido, se dirigió a Santa Rosalía en unión de su Estado Mayor.
El padre del predio al conocer la marcha del Gobernante invasor, temiendo que este procurara vengarse descargando todo el peso de su enojo sobre él, decidió cerrarles las puertas de su aposento. Eduardo convenció al señor Fernández Veraud de que no lo animaba el odio, y abrazándole díjole:
-Señor, si sus hijos lo han abandonado aquí tiene usted a otro hijo que le cede toda su protección y ayuda.

En un lugar del recorrido de Cándido y Fidencia, ya entrada la noche, entraron a una fonda a cenar, y Cándido se quitó las barbas y el bigote y se encontró con un conocido que fue a saludarlo. Cándido le dijo que estaba equivocado pues no lo conocía, su amigo volvió a insistir, pero recibiendo la negativa se retiró. Fidencia y Cándido esperaron unos minutos antes de salir del lugar. Atravesaron todo Chiapas y les tomó 30 días llegar a Nueva Guatemala; utilizaron caballos, mulas, se hospedaban em haciendas o rancherías haciendo jornadas al principio de su viaje a caballo y después en la serranía en mulas; se hospedaron en haciendas o rancherías.
De Nueva Guatemala se encaminaron a San José Guatemala puerto en el pacífico, la travesía la hicieron en diligencia donde se embarcaron en un vapor que se fue costeando hasta Panamá, atravesaron el Istmo a Colón, tomaron un vapor que se dirigía a Belice con escala en Trujillo, Puerto de Honduras. En Trujillo encontraron otro vapor que se dirigía a Kingstown, Jamaica a donde llegaron casi dos meses después de su salida de Santa Rosalía.
Se embarcaron en Kingstown para dirigirse a Cienfuegos, Cuba en un balandro que alquilaron, pero fueron alcanzados por una fuerte norte que duró más de 5 días y perdieron el palo mayor y la vela, sin dirección estuvieron varios días arrastrados por el mar; la calma llegó después de 9 días y no sabían dónde se encontraban, hambrientos sin poder dormir, encomendaron oraciones a Dios y la Virgen María pidiendo los rescatan.
Una mañana divisaron tierra. Hicieron como pudieron una balsa y se dirigieron a la playa donde tocaron felizmente tierra, Cándido, Fidencia, Agustín Lutsow, un inglés, el capitán y un marinero, pero sabían dónde se encontraban.
Se dividieron en diferentes rutas para ver si podían encontrar ayuda, quedando de regresar a las 4pm. Fidencia se quedó en la playa. Ya en la tarde vio acercarse al inglés que venía acompañado por un indio y un racimo de plátanos, poco a poco llegaron los otros que no encontraron a nadie. Se encontraban en Honduras y habían recorrido como 1000 kilómetros.
Siguieron al indio y pasaron la noche en una choza. El indio los llevó a la mañana siguiente, en un recorrido que duró más de un día, a una hacienda donde vivía un señor inglés. El señor les ofreció transporte en un pequeño vapor que salía para Belice con escala en Trujillo.
Al llegar a Trujillo encontraron al bergatín español, “El Yucatán”, le narraron al capitán su desgracia y amablemente los transportó a La Habana sin cobrarles; les dio un excelente trato y finalmente Cándido y Fidencia pudieron comunicarse con sus padres, tras varios meses.
Tras su estancia en La Habana se embarcaron a Mérida, Yucatán, donde residieron una larga temporada. Contó doña Fidencia que un día desde la ventana de la casa donde vivía, vio un día, por cosas del destino, pasar por la calle al General Arévalo, quien ya no tenía el poder que había tenido en Tabasco. Fidencia y su hermano regresaron a Santa Rosalía después de un año de ausencia.

LOS CAÑONES CÁNDIDO Y CÁNDIDO
Durante los días por la batalla de la Toma de San Juan Bautista, de la hubo un intenso cañoneo de los sitiados contra los republicanos; el 17 de marzo de 1884, los tabasqueños colocaron en Mayito dos cañones a los que dieron por nombres “Fidencia” y “Cándido” para recordarle a Arévalo su descalabro amoroso con la señorita Fidencia Fernández Sastré —la célebre doña Fidencia, que por ella se llama así una de las calles del barrio de Santa Cruz y su hermano Cándido, quien la acompañó en la huída— ; apoyados por esa artillería avanzaron hasta el centro de la ciudad.
Fuente:
Torruco Saravia, G. (1987). Villahermosa nuestra ciudad, Tomo I. Tabasco. H. Ayto. C. de Centro. p. 104
LA QUINTA GRIJALVA
Fidencia Fernández se casó con el Sr. Cesar Sastré Veraud, quien el 27 de mayo de 1912 se convirtió en el nuevo dueño del predio del Cerro de Guadalupe cuyos terrenos ocupan hoy la Quinta Grijalva. Gracias al contrato de compraventa, se puede saber que César Sastré Veraud, era un agricultor de 35 años que radicaba en Cárdenas, y se encontraba «accidentalmente de tránsito en esta ciudad». Datos no del todo veraces, ya que César Sastré fue diputado suplente en esa época. la escritura describe la propiedad:
«Una finca urbana construida de mampostería, tejas y maderas del país (ya no se habla de tejas extranjeras) ubicada en el barrio Macayal, calle Santos Degollado de esta ciudad cuyos linderos y dimensiones son: la casa mide diecinueve metros por cada uno de los rumbos, Norte, Sur, Este y Oeste; la segunda casa mide, diez metros de largo por seis metros de ancho [ … ]».
Al enviudar doña Fidencia Fernández el 30 de agosto de 1917 la casa pasó a sus manos quien llegó a ser la persona que durante más tiempo conservó la propiedad. Ella utilizaba la casa del Cerro de Guadalupe como lugar de descanso y continuaba viviendo en su domicilio de la calle Madero. Mujer magnánima y desprendida permitía que los aguadores sacaran agua del pozo y la vendieran por las calles de la ciudad con el pregón «Agua de quinta».
Tomás Garrido Canabal resultó ganador en las elecciones para la gubernatura y tomó posesión del cargo el primero de enero de 1931.
Doña Fidencia atraía a los camisas rojas regalándoles comida y colgándoles escapularios. Por las tardes salía a rezar en voz alta caminando en la banqueta, llevando en sus manos un rosario grande de madera.
Por su osadía, un día la visitó un emisario del Ciclón del Sureste, quien le llevó cinco mil pesos en oro y le pidió le entregara las escrituras del Cerro de Guadalupe. Ella se negó en un principio, pero el gobernador se impuso y Doña Fidencia tuvo que venderle su propiedad a la fuerza el 14 de febrero de 1931.
Hay dos versiones respecto a cómo se bautizó a la famosa calle en el Centro con su nombre:
La primera es que gracias al favor político que doña FIdencia hizo a Tomás Garrido Canabal por la venta del Cerro de Guadalupe, él decide cambiar el nombre de la calle Marina, en honor a la mal llamada Malinche, por el de Doña Fidencia, en 1935.
Otra versión de cómo se dio su nombre a esa calle es la siguiente:
Por esos días el Diario Redención propuso cambiar el nombre de la céntrica calle Doña Marina y pedía a los lectores que sugirieran nuevos nombres. El argumento utilizado por el diario era que Doña Marina, una mujer traidora a su propia raza, no debía tener la distinción de que una calle llevara su nombre. Los ciudadanos tenían bien claro el nombre de la tabasqueña que debía de ostentar ese honor, como a los pocos días se leyó en el mismo diario:
«El 27 de febrero [ … J 1931 a las diez del día partió una manifestación, llevando a los niños de las escuelas y a la banda de música que dirige el profesor Domingo Díaz y Soto, presidida por don Francisco Ortiz presidente municipal de esta capital, y al llegar a la calle de Doña Marina quitaron la placa esrnaltada de este nombre que estaba colocada en la pared de la casa de la esquina de Don Alfonso Sánchez y colocaron una de mármol con el de Doña Fidencia. [ … ] El secretario del ayuntamiento, señor Fuentes dio lectura al edicto Municipal que en lo conducente dice'( … ] Que doña Fidencia Veraud, durante la invasión francesa demostró su patriotismo rechazando heroicamente las pretensiones del aventurero Arévalo [ … ] se hace necesario perpetuar por méritos ele justicia, el nombre ele doña Fidencia Veraud que según la evidencia ele los hechos resulta el tipo genuino de la mujer tabasqueña leal y abnegada ( … ]».

Fuente: