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Hacienda Chablé
La hacienda Chablé ocupó una enorme extensión territorial en el siglo XIX hasta mediados del siglo XX y su producción abastecía a todo el estado. centro del país y algunos países del extranjero.
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HACIENDA CHABLÉ

HACIENDA CHABLÉ 

Por: Omar Abreu del Valle.

El origen de las tierras que conformaron la hacienda Chablé se remonta a 1827, cuando Eugenio Abreu (quien fuera diputado local  en  la  época) denunció dos  terrenos de 12 caballerías cada uno: “El Carmen” y “Tamaná”. El pago de dicha propiedad fue de $ 480.00 a las arcas públicas locales. Para mediados del siglo, ambos terrenos ya eran conocidos con el nombre de “hacienda Chablé”, la cual era de considerable importancia en la zona del bajo Usumacinta.

Lo poco que sabemos de Chablé entre la época que se hizo el denuncio y 1867, cuando comenzó una disputa legal por su posesión, procede de los testimonios dejados por algunos viajeros del país y el extranjero que se adentraron a las selvas del sureste por el río Usumacinta. Dichos exploradores llegaron o pasaron por esta hacienda en algún momento, sin embargo, debido a la imprecisión de los límites políticos entre Tabasco y Yucatán (Campeche comenzó a existir como estado hasta 1857) solían ubicarla en Jonuta o Montecristo y  otros  en  Palizada;  además,  recordemos  que  la  región  era  prácticamente desconocida, salvo por los lugareños, y por si fuera poco, estaba poco habitada, sólo había algunos poblados dispersos en las riberas del gran río y una que otra propiedad de mediana o gran importancia.

La primera crónica que se conoce de algún explorador por la zona es la de Marciano Barrera, un yucateco, quien vivió en Tenosique y recorrió la zona entre 1827 y 1834. Este autor nos cuenta de una hacienda llamada “Chablé” a orillas del Usumacinta, la cual era fomentada por Juan Francisco Abreu, y a una mediana distancia estaba “Margarita”, que era de su hermano  Manuel Abreu, y entre  ellas  existía  el  lugar  donde  había  estado  la  hacienda “Tamaná” de Eugenio Abreu, padre de los dos primeros.

Hacia principios de 1840 los británicos Patrick Walter y John Herbert Caddy pasaron por la zona, ya que se dirigían a Palenque. Caddy señala que en Balancán visitó la casa de un señor llamado Manuel Obria, cuya madre había fallecido; y donde se encontraba por tal motivo su hermano Juan Francisco Abreu Virgilio, procedente de Palizada. También menciona que llegaron a la hacienda Montecristo, que según él es propiedad de la familia Obria, la cual era la más rica de la zona. En el relato de Caddy, la hacienda poseía cortes de palo de tinte y numerosos hatos de ganado. En su estancia en Palizada, se alojaron en la casa de Francisco Obria, el “hombre más rico de esta parte del país; tiene una fortuna de cien mil dólares, amasados principalmente gracias al Palo de Campeche, y también tenía una tienda. La Palizada es el principal pueblo del Usumacinta y depósito de la tala de Palo de Campeche. Tiene cerca de 600 habitantes.”

Por la misma época (junio de 1840), el viajero inglés John Lloyd Stephens exploró la región en búsqueda de sitios arqueológicos, especialmente con el objetivo de visitar Palenque. En Palizada, se alojó en la casa de Francisco Hebreu, quien al parecer era el alcalde y cabeza del partido liberal en la región. Según Stephens, Francisco Hebreu “era un hombre rico; poseía una hacienda de treinta mil cabezas de ganado, plantaciones de palo de tinte y bongos, y se le calculaba un capital de doscientos mil dólares. La casa en que vivía estaba en la ribera del río, recién construida, con ciento cincuenta pies de frente y le había costado veinte mil dólares”. El mismo autor nos menciona que este personaje tenía dos hijos que pretendía enviar a Estados Unidos para que ahí realizaran sus estudios. Unos años después (1846) el viajero y naturalista francés Arthur Morelet, hizo un pequeño recorrido por el Usumacinta, y menciona que pasó por una finca llamada Chablay, que era “considerable” en importancia. Por las referencias geográficas que este explorador proporciona de su recorrido, podemos deducir que se trata de la hacienda Chablé.

Volviendo de nueva cuenta a la documentación del archivo de los Abreu, y basándonos en el árbol genealógico de la familia, observamos que Juan Eugenio Abreu contrajo nupcias con Lorenza Faustina Virgilio y procreó cuatro hijos: Juan de Dios, Valentín, Leonardo y Juan Francisco; éste último al parecer recibió en herencia la hacienda y la repartió en partes iguales a sus hijos Eugenio y Esteban Abreu Ruiz. Sin embargo, Esteban falleció sin haber elaborado su testamento y su hermano se adjudicó judicialmente sus bienes, convirtiéndose en albacea de sus sobrinos.

En 1867 comenzó una disputa por la hacienda entre Eugenio Abreu (nieto) y los herederos de su hermano Esteban. El conflicto por la herencia de Esteban Abreu la inició su hija mayor Josefa Abreu Puig y el esposo de ésta, José María Escoffié. En la documentación revisada sobre el problema, al parecer Eugenio Abreu Ruiz se negaba a entregar la herencia a sus  sobrinos,  argumentando que  se  la  gastó  en  la  manutención y  educación de  éstos, especialmente de Celso y Salustino. Para concluir con la disputa, José María Escoffié compró en 1867 la hacienda Chablé a don Eugenio por la cantidad de $ 25, 038.00, la cual pagaría en Varios abonos hasta 1880, con la condición de que la escritura que se expidiera saliera a nombre de quien Escoffié señalara al completar los pagos. José María Escoffié y los hermanos Celso y Salustino formaron una sociedad denominada “Hacienda y corte de palo de tinte Chablé”, y procedieron a liquidar la herencia de los hijos de Esteban Abreu Ruiz. Manuela, Margarita, Luis, Ercilia y Aurelia Abreu recibieron sus respectivas indemnizaciones; mientras que Celso y Salustino junto con su cuñado Escoffié (a nombre de su esposa Josefa) quedaron como únicos dueños de la hacienda Chablé.

Según los inventarios de 1 de diciembre de 1868 y el de 1 de marzo de 1872, la hacienda Chablé tenía como principales actividades económicas la agricultura y la ganadería sin fines comerciales.

Salustino Abreu Puig y señora

Contaba con pocos bienes materiales y conservaba la extensión de 24 caballerías de tierra, teniendo en conjunto un valor de $ 25, 038.10, cantidad que José María Escoffié se comprometió a pagar a Eugenio Abreu entre 1867 y 1880.  Durante el tiempo de la sociedad, las actividades económicas de la hacienda se diversificaron al realizar venta de palo de tinte y maderas preciosas y contar con una taller de carpintería.  La extensión de la hacienda aumentó con un denuncio de terrenos que hizo Celso Abreu a nombre de la sociedad.

En 1880 se decidió disolver la sociedad. Escoffié vendió la parte correspondiente a él y su esposa a los hermanos Celso y Salustino a un precio simbólico. El matrimonio Escoffié Abreu no tenía descendencia por lo que nombró herederos a Celso y Salustino, con la condición de que pagaran la cantidad de $ 3, 109.60 por concepto de $ 2, 704.00 correspondiente a la herencia dejada por Esteban Abreu a su hermana Josefa, más los réditos de dicha suma que ascendían a $ 405.60. Los hermanos pagarían en efectivo $ 1, 109.60,

Mientras que el resto lo harían en un plazo de dos años con intereses de 1% mensual, que Sufragarían cada cuatro meses. Además, los dos hermanos se harían cargo de todas las deudas y asuntos relacionados con la hacienda Chablé, por ser los únicos dueños; Luego de hacer el último pago de $ 1, 500.00 a su tío Eugenio Abreu Ruiz por la compra de la hacienda Chablé, los  hermanos Celso  y  Salustino  quedaron como  legítimos  dueños  de  dicha  propiedad. Recordemos que José María Escoffié dispuso que la nueva escritura de venta se expidiera a nombre de quien él señalara, dichos nombres fueron los de sus cuñados y únicos herederos.

Desde este momento hubo un gran cambio en la forma de administrar la hacienda. Iniciaron los trámites para denunciar las demasías de terrenos nacionales de la hacienda y se propusieron diversificar las actividades productivas, destacando la venta de palo de tinte y cueros y pieles, compra-venta de bienes inmuebles, construcción y venta de embarcaciones (para transporte de personas y mercancías por vía fluvial), alta carpintería, elaboración y venta de tejas, herrería, panadería, ganadería (bovina, ovina y caballar) y agricultura.

El palo de tinte y los cueros estaban dirigidos al comercio internacional, mientras que el resto de las actividades eran para satisfacer la demanda del mercado local y regional.  La hacienda dispuso de máquinas de vapor para las embarcaciones que construía y vendía, también de herramientas y enseres de hierro industrial. Asimismo, obtuvo créditos de las principales casas comerciales de San Juan Bautista para adquirir insumos, y tenía relaciones con algunas de éstas o de Ciudad del Carmen para colocar sus productos en el mercado internacional.

Para mediados de la década de 1891-1900, el capital de la sociedad de los hermanos Abreu había crecido de  manera importante, y  le  permitió adquirir nuevas propiedades.

Compraron el 24 de marzo de 1895 a Benito Anizán e Hijos y Compañía, varios terrenos ubicados en las márgenes del río San Pedro (en Balancán, Tabasco) con un valor de $ 12,000.00, y que pagaron en el transcurso de cuatro años a razón de $ 3, 000.00 anuales: Unos meses después, el 2 de julio, Salustino Abreu Puig denunció demasías en dichos terrenos con un total de 5, 015 hectáreas.

Salustino Abreu Díaz

Don Salustino Abreu Díaz.

Terrenos comprados a Benito Anizán e Hijos y Cía.

En el tiempo que duró la nueva empresa (1880-1898) acumularon enormes extensiones de tierra y bienes inmuebles y materiales con un valor de $ 147, 090.37, mientras que tenían una deuda de $ 44, 076.55, todo en partes iguales. Los dos hermanos  trabajaron juntos hasta la muerte de Celso acaecida el 8 de marzo de 1898. Salustino entregó a la viuda y herederos de su hermano la suma de $ 51, 506.91 por concepto de la mitad de los bienes acumulados durante el tiempo que trabajaron en sociedad, y se quedó como único dueño de la hacienda  Chablé. En  1901,  Salustino Abreu Puig otorgó  poder  amplísimo a  su  hijo Salustino Abreu Díaz para administrar sus bienes y encargarse de todos los asuntos relacionados con la hacienda Chablé. Desde este momento, Salustino hijo tomó las riendas del negocio consultando a su padre en algunas ocasiones cuando el asunto era de mucha importancia.

En un documento con fecha del 2 de mayo de 1906 podemos ver la extensión con la que cuenta la hacienda Chablé y su importancia económica para la región de Jonuta, Balancán y Montecristo en Tabasco y Palizada en Campeche. La hacienda Chablé y anexos cuenta con unas 11, 451-22-00 hect. (dentro de ellos el casco y alrededores que mide 1, 027-08-72 hect. y “Las Margaritas” que tiene 1, 451-22-00 hect.). A esta propiedad se añaden otras más, “El Jobo” de 2,  463-71-63 hect., “Balancán Viejo” de 1,  016-00-00 hect. y  “San Bernardo (Sebastopol)” de 1, 202-53-12 hect. el terreno comprado por Salustino hijo a Mariana Sala.

En 1906 con 2, 242-02-22 hectáreas y “La Trinidad”, dimensiones, así como de otros predios rurales y urbanos. De ésta última se desconocen sus dimensiones, así como de otros predios rurales y urbanos.

Dentro de estas propiedades, como consta en algunos de los inventarios revisados, hay construcciones (casas, bodegas, etc.), maquinaria de trabajo, herramientas y enseres, pero desconocemos el valor total de los bienes de la familia Abreu, específicamente de Salustino Abreu Puig y sus hijos. De todas las posesiones, la hacienda Chablé es la más importante, así lo confirma la documentación relacionada con los negocios de la familia Abreu. En el casco de la hacienda se encuentra la casa principal de los Abreu, una iglesia (con altar, confesionario, retablos, capilla con pila bautismal, púlpito, bancas y santos con su bóveda), un salón para diversos usos (para bailes, fiestas familiares y religiosas, y disponía de un cinematógrafo para proyectar películas a los trabajadores), tienda (de abarrotes, ferretería, medicinas y diversos artículos), bodegas de almacenamiento (enseres de trabajo y producción), una biblioteca (con vasta bibliografía), un aserradero de maderas preciosas (movido con máquinas de vapor), caserío de trabajadores, escuela, astillero y embarcadero.

Pese a que sólo se han consultado parcialmente los documentos posteriores a 1906, hemos podido darnos cuenta que Salustino Abreu Díaz se convirtió en el único dueño de la hacienda Chablé. Después de la muerte de su padre (en 1908), al parecer liquidó a todos sus hermanos (con algunas propiedades localizadas en los municipios de Jonuta y Emiliano Zapata en el estado de Tabasco y Palizada en Campeche), mientras que entró en una disputa con su hermana Esther por la repartición de algunas propiedades, entre ellas la hacienda Chablé. Finalmente logró un acuerdo con el esposo de su hermana, su primo Ovidio Jasso Abreu, y Salustino se quedó con la parte correspondiente a la hacienda Chablé y anexos en el Municipio de Emiliano Zapata en Tabasco, mientras que su hermana Esther se quedó con las Propiedades que se encontraban en el municipio de Balancán, también en Tabasco.

El Último documento revisado hasta el momento en el archivo particular de la familia Abreu, fechado en 1909, nos revela que la hacienda Chablé y sus anexos (sin contar los otros predios que se poseían en Balancán, Jonuta y Palizada) tenía una extensión de 19, 658-63-69 hectáreas, y contando todas las inversiones que habían en ella, tenía un valor de $ 203, 800.00. Entre los bienes destacan casas,  templo,  bodegas, ganado (vacuno, caballar,  mular),  maquinaria y herramientas (trapiche, talleres de carpintería, herrería, hojalatería, panadería, tenería, etc.) y algunos cultivos. Pese a que todavía falta mucha documentación por consultar, podemos decir que la hacienda Chablé tuvo muchos años más de bonanza, ya que resultó poco afectada por el movimiento revolucionario, y  la  familia  supo  posicionarse rápidamente con  los  nuevos grupos en el poder, incluyendo a los constitucionalistas, radicales (como Tomás Garrido Canabal) y gobiernos sucesivos. La hacienda se convirtió en un foco regional agropecuario y de comercio, al igual que Reforma, la finca de la familia Ocampo en Balancán. La segunda mitad del siglo XX marcó el fin de la hacienda Chablé como empresa familiar. Pepe Bulnes, citado por Geney Torruco, señala que en la hacienda Chablé en 1945 existían “una fábrica de embarcaciones pequeñas, canoas y pailebot de poco colado (sic.), así como una que otra ‘canoa  campechana’…  una  fábrica  de  zapatos,  sombreros  de  jipi,  hamacas  de  hilo  y cáñamo… talleres de herrería, hojalatería, carpintería, sastrería y otros. Se fabrican… tejas y ladrillos…”  Esto nos indica que todavía en estos años la hacienda gozaba de buenas finanzas.

Don Salustino repartió sus propiedades entre sus hijos en la década de 1940-50. Los hijos legítimos de Salustino Abreu Díaz (procreados con su esposa Vicenta Ochoa fueron Eneida, Esther, Salustino, Alicia, César, Óscar, Margarita, Humberto, Leonor, Vicenta, Gudelia, René, Alberto y Raúl Benito) recibieron por herencia un promedio de 592 hect., mientras que los ilegítimos (concebidos con Dolores Pérez fueron Consuelo, Edmundo y Gerardo) 100 hectáreas cada uno. Se dejaron 15 hectáreas sin dividir (el casco de la hacienda y sus alrededores), las cuales correspondían a la sociedad de los hijos de Salustino Abreu Díaz. Durante  la  administración  de  Carlos  A. Madrazo  como  gobernador  de  Tabasco,  los herederos de Salustino Abreu Díaz donaron en conjunto unas 1, 000 hect. para ejidos, más 9 de las 15 hectáreas de la sociedad para erigir un poblado al que llamaron Chablé (actualmente villa Chablé). Se conservaron 6 hectáreas las cuales no deben ser divididas (que corresponden al casco de la hacienda y alrededores), al parecer la sociedad de los hijos de Salustino Abreu Díaz  nunca  fue  disuelta,  por  tal  motivo los  dueños actuales de  dicho  terreno  son  las respectivas descendencias de los hijos de Salustino Abreu Díaz en su conjunto.

Con el ejemplo de la familia Abreu y la hacienda Chablé, podemos hacer algunas reflexiones. Sin duda, los hacendados del último tercio del siglo XIX se beneficiaron en gran medida con las políticas implementadas por los gobiernos federal y local para fomentar la economía, ya que las leyes de deslinde y colonización les permitió adquirir enormes extensiones de tierra a bajo costo, mientras que los planes de fomento les dieron la posibilidad de importar nueva tecnología con créditos y sin pagar impuestos, además de asesorías para trabajar en el campo.

A esto, debemos sumar que si bien estos dos proyectos fueron aprovechados por las élites locales (llámese hacendados, comerciantes, industriales, banqueros, etc.), su éxito no habría sido posible sin la red de relaciones políticas y sociales que tejieron con las autoridades federales y estatales (que por lo regular eran o ellos mismos, o sus familiares, o amigos, o compadres).

Visita del Gral. Lázaro Cardenas y Lic. Carlos A. Madrazo en casa de la familia Jasso Abreu, ubicada en Emiliano Zapata.

 

Por  ejemplo,  en  el  archivo  particular  de  la  familia  Abreu,  encontramos correspondencia de Salustino Abreu Puig y Salustino Abreu Díaz con destacadas personalidades  como don Porfirio Díaz, y no sólo eso, la familia Abreu se dio el lujo de recibir en la hacienda Chablé a Justo Sierra y Leopoldo Batres, en un viaje que estos realizaron a la zona arqueológica de Palenque; tenían nexos con Policarpo Valenzuela, uno de los hombres de negocios y política más influyentes durante el porfiriato en Tabasco. Incluso, Salustino Abreu Díaz fue compadre de José María Pino Suárez; durante el movimiento revolucionario de 1913 los Abreu recibieron como refugiados a la familia del general Luis Felipe Domínguez Suárez, líder de la Brigada Usumacinta y gobernador interino de Tabasco en 1914 y 1915; en varias ocasiones Tomás Garrido Canabal se hospedó en la hacienda Chablé, ya que era amigo cercano de la familia; y ya en la década de 1941-50, fueron visitados personalmente por Lázaro Cárdenas (expresidente de México) y Carlos A. Madrazo (futuro gobernador de Tabasco) en una casa ubicada en Emiliano Zapata.

Una tercera reflexión es, ¿cuál fue el efecto real de la tecnificación en las haciendas tabasqueñas durante el porfiriato? Sin temor a equivocarnos podemos decir que no necesariamente se  tradujeron en un beneficio para los  empleados, porque como señala Alejandro Tortolero, “a menudo las máquinas no sirven más que para frenar las pretensiones de los trabajadores”.  Esto significa que muchas veces la adquisición de nueva tecnología les permitía a los hacendados e industriales reducir el costo de la mano de obra, aprovechar lo mejor posible sus actividades productivas y aumentar la producción, pero en más de una ocasión se empeoraron las condiciones de trabajo en muchas haciendas, puesto que los peones preferían recibir un salario raquítico a no recibir nada, o bien, se les explotaba de otra manera. Si no, ¿de qué manera nos explicamos la constante fuga de los trabajadores de las haciendas?

En  la  documentación  revisada  sobre  la  hacienda  Chablé  encontramos  dos documentos que nos revelan que todavía en la primera década del siglo XX se castigaba a los trabajadores por sus faltas,  e incluso se fugaban. El primero de ellos es un recado que envía Eduardo Palacio (de Montecristo) a Salustino Abreu Díaz (Chablé), manifiesta que “hoy regresa a esa finca su sirviente Cristóbal Moreno después de haber sido castigado conforme sus deseos”, ignoramos el motivo y el castigo, pero todo hace suponer que fue un arresto.

El otro testimonio, F. Becerra Fabre (jefe político de Frontera) informa a Salustino Abreu que no se ha podido dar captura al sirviente prófugo Víctor Jiménez, pero que se han dado instrucciones para localizarlo y remitirlo de nuevo a la hacienda. Sabemos por las fuentes de la época que los salarios que recibían los peones en la mayoría de las haciendas eran miserables, aunado a los castigos y pésimas condiciones de trabajo.

Las sanciones y derechos para los trabajadores estaban estipuladas en las reglamentaciones sobre el campo, pero su ambigüedad propició el abuso de los patrones y la complicidad de las autoridades, sin embargo, las constantes fugas de peones obligaron a las autoridades a emitir circulares con “el firme propósito de moralizar en todo lo posible la servidumbre de campo, y siendo el abuso que con los sirvientes se cometen en algunas fincas o monterías, castigándolos con cepo, azotes y otras penas infames, motivo muy poderoso para  exasperarlos  incitándolos  a  cometer  delitos  contra  los  dueños,  mayordomos  o encargados de dichas fincas de lo cual se han dado ya varios casos; el C. Gobernador… ha tenido a bien disponer… una activa y eficaz vigilancia a fin de que por ningún motivo se permitan tales castigos en las fincas o monterías y en caso que se sospeche que en algunas de éstas hay cepos, grilletes o cualquiera otro medio de tormento, [se] procederá… a practicar una visita minuciosa a  la  finca sospechosa decomisando y  destruyendo todo aparato o instrumento como los cepos, grilletes, etc. Que tenga por objeto atormentar a los sirvientes o inferirles castigos…”, pero rara vez se tomaron en cuenta en la práctica.

Don Salustino Abreu Díaz.

Por supuesto que no podemos culpar por completo de esta situación a las innovaciones tecnológicas, porque la pésima condición laboral de los trabajadores de las haciendas en el siglo XIX tiene raíces más profundas que incluso llegan hasta el periodo colonial. Sin embargo, durante el porfiriato, parece que la tecnificación sí jugó un papel relevante en el deterioro de la vida de los peones al servir como pretexto a los patrones para presionar a los empleados en el abaratamiento de la mano de obra.

Finalmente, las haciendas fueron muy importantes en la economía y demografía locales. Por  una  parte,  satisfacían  en  gran  medida  las  necesidades  de  los  mercados  locales  y regionales, ya que una buena parte de su producción de destinaba al consumo de éstos y, además crearon parte de la infraestructura de comunicaciones y transportes al desarrollar la navegación fluvial y los caminos en sus áreas de influencia. Por otro lado, se convirtieron en centros poblacionales de regular importancia, ya que alrededor de ellas crecieron pequeños núcleos de gentes que vivían de transacciones mercantiles en micro escala, de tal suerte que cuando fueron decayendo las haciendas por diversas circunstancias, estas gentes se quedaron a vivir ahí adquiriendo tierras en compra o viéndose beneficiadas con la Reforma Agraria después de la tercera década del siglo XX.

Un ejemplo claro es el caso de Chablé, que a mediados de esta centuria poseía una considerable cantidad de habitantes que presionó para la repartición de tierras, erigiéndose un poblado y formándose algunos ejidos en una buena parte de los terrenos, en la actualidad, en este espacio hay varios ejidos y rancherías y el antiguo poblado se ha convertido en villa. Ésta última pertenece a Emiliano Zapata, pero varios de los ejidos y rancherías se ubican también en los municipios de Balancán y Jonuta.

Con otros estudios de casos se aportarán, seguramente, nuevos elementos sobre el impacto de las políticas gubernamentales para fomentar las actividades productivas durante el siglo XIX, específicamente el campo, por lo pronto, los hallazgos encontrados en el archivo particular de la familia Abreu y la hacienda Chablé nos sirven como laboratorio de prueba y nos han permitido sacar algunas modestas conclusiones. Ojalá que pronto veamos más trabajos sobre otras zonas de Tabasco, de tal manera que estas atrevidas generalizaciones aquí vertidas sean matizadas con mayor precisión.

Salustino Abreu Díaz
Moneda de la hacienda Chablé

TOMÁS GARRIDO CANABAL

Es un hecho Histórico las visitas y estancias del Lic. Tomás Garrido Canabal y dar fe de la presencia de la organización, desarrollo, enseñanza en torno a los diferentes talleres de diversos oficios en la Hacienda Chablé del progreso del ser humano, lo que habría más adelante de hacer el Lic. Tomás Garrido Canabal en su Gobierno al frente de Estado de Tabasco de Desarrollar ese Espíritu Social de la Hacienda Chablé al pueblo Tabasqueño.

En la Década de 1930 la Hacienda Chablé fue visitada por el General Lázaro Cárdenas del Río y por el Lic. Carlos A. Madrazo Becerra, en la que aun contaba con algunos Talleres que fue su esplendor, Hoy en día todo se ha disipado, actualmente la Hacienda Chablé existe el Casco de la misma, aunque algunas casas como el de la Biblioteca el rió las ha desaparecido por el deslave que ocasiona con las crecientes en la Región. La Iglesia que tanto respeto el Lic. Tomás Garrido Canabal solamente existe la fachada de frente.

Finalmente, las haciendas fueron muy importantes en la economía y demografía locales. Por  una  parte,  satisfacían  en  gran  medida  las  necesidades  de  los  mercados  locales  y regionales, ya que una buena parte de su producción de destinaba al consumo de éstos y, además crearon parte de la infraestructura de comunicaciones y transportes al desarrollar la navegación fluvial y los caminos en sus áreas de influencia. Por otro lado, se convirtieron en centros poblacionales de regular importancia, ya que alrededor de ellas crecieron pequeños núcleos de gentes que vivían de transacciones mercantiles en micro escala, de tal suerte que cuando fueron decayendo las haciendas por diversas circunstancias, estas gentes se quedaron a vivir ahí adquiriendo tierras en compra o viéndose beneficiadas con la Reforma Agraria después de la tercera década del siglo XX. Un ejemplo claro es el caso de Chablé, que a mediados de esta centuria poseía una considerable cantidad de habitantes que presionó para la repartición de tierras que durante el Gobierno del Lic. Carlos A. Madrazo Becerra quien era el Gobernador del Estado de Tabasco (1959-1964), los Herederos de Don Salustino Abreu Díaz, le donaron en conjunto más de 1,000 Hectáreas para Ejidos, más 9 Hectáreas para erigir un Poblado al que llamaron Chablé, el antiguo poblado se ha convertido en Villa. Ésta última pertenece a Emiliano Zapata.

 

 

Información y fotografías proporcionadas por:

  1. Omar Abreu del Valle – Historiador de la Familia Abreu.

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR HABLA SOBE LA HACIENDA CHABLÉ